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Venezuela: el lado correcto de la mentira

El lado correcto de la mentira en Venezuela. dXmedio. Foto: WEF.
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Muchos opositores venezolanos, al igual que la derecha continental, sostiene que está del lado correcto de la Historia. Sin embargo, lo que ha quedado en evidencia es que estos opositores y sus aliados injerencistas están del lado correcto de la mentira. Nada más.

Venezuela: el lado correcto de la mentira, esa es la verdad, aunque opositores e injerencistas hablen del lado correcto de la Historia.

Venezuela: el lado correcto de la mentira, esa es la verdad, aunque se hable del lado correcto de la Historia. En relación con la memoria de los pueblos, nadie determina valores tales. Correcto o incorrecto, verdadero o falso, bueno o malo, apenas son, si acaso, versiones de un relato, perspectivas de una ilusión, sensaciones de la fábula.

Valores nulos que no son cero

Están lejos los tiempos en los que Guaidó pregonaba su disposición para “ofrecer amnistía a Maduro” (Semana, 2019). Terminó este ofreciéndole impunidad a Guaidó. La razón es simple: la baraúnda mediática haría del saboteador un preso político. El inmolado en aras de una supuesta libertad.

En tanto que afuera de las rejas el autoproclamado no es sino otro cero a la izquierda de su propia violencia. Uno más en la vasta fila de ceros a la izquierda de la derecha venezolana. La tozudez ideológica, que no ceja en el empeño de ser una cifra dividida. Otro valor vacío en la vida política del país.

Guaidó no sumó una presidencia, pero restó un parlamento. Le hicieron creer que tenía un poder ejecutivo entre las manos y él terminó dejando al descubierto el carácter inservible de la Asamblea Nacional en su desacato. El único espejismo, quizás, que habría podido ayudarle a pasar el trago amargo de los seis años por venir de Maduro.

No tenía nada y quedó con menos, porque la desvergüenza quita. Aunque seriedad y dignidad él ni las tenga ni le importan. Eso sí, se las agenció para que ciertos personajes ignominiosos de la región lo fueran aún más, y en un solo apretón de sus manos.

De saber de quién se trataba, ni los paramilitares que lo ayudaron a cruzar subrepticiamente la frontera lo habrían buscado para la foto.

Escuela de cretinos

Sobre las costillas de Guaidó queda que el gobierno colombiano haya sobrepasado los límites más extremos del ridículo en los asuntos de política internacional. Y eso es mucho decir. El presidente Iván Duque y su canciller Holmes Trujillo no superarán con facilidad estos nuevos niveles de sandez alcanzados. A los que ellos mismo se condujeron “por engüandiosos y atarantados”, como diría en antioqueño simple el verdadero presidente colombiano, Álvaro Uribe.

Pero Uribe no lo dijo porque en realidad él fue el artífice del yerro garrafal. Él fue quien le originó a Duque y a Trujillo la picazón de hablar por hablar con la misma caradura que él lo hacía en sus tiempos (de pocas semanas atrás).

Al haber de Guaidó fue a dar el hecho de que al locuaz excapitán Bolsonaro se le entumeciera el discurso militar. Y que a los europeos, ay, a los europeos, tan cerca del Brexit duro y tan lejos del Reino Unido, no les quedara otra que regurgitar con disparates la bobada que habían engullido.

El imprudente Macron se arriesgó un día a leer los acontecimientos venezolanos con las cenizas de tabaco en que había convertido las calles de París. El injerencista embajador de Alemania, declarado persona non grata, hizo maletas y se esfumó con el apagón. Claro, aun en medio de los gestos de guerra sucia en marcha dio el adiós al entrañable autoproclamado.

A Guaidó le quedará de por vida el excepcional lucimiento de haber engañado a los mismos personajes que lo engañaron. Fue un corpóreo presidente ante los presidentes que sabían que no era nadie. Y volverá pronto a lo que sus dotes a máxima potencia le permiten ser: nada más que el faro vaporoso de unos saboteadores.

Rehacer el deshecho

No será fácil la corrección de tanta estupidez gubernamental y diplomática para los cincuenta y tantos países que una vez lo reconocieron como presidente interino. Lo mejor que les puede suceder es borrar pronto con los codos el pintarrajo que trazaron con las manos.

Empezando por Estados Unidos, que deberá desbaratar ese imposible cuanto antes. Con sensatez, de paso, también debería deshacer la turbulenta boludez de Bolton y la esperpéntica pomposidad de Pompeo (RT, 2019). Y ¡que se abra el abrasivo Abrams!

Es difícil, claro está, moverse de la fantasía alborozada a la desesperanza, sin hacer escalas en los acontecimientos ciertos. Medio verídicos, siquiera. Todos se mintieron entre todos, unos a otros se trampearon y manipulan a las huestes desinformadas por sus medios embusteros. Es lo que hicieron y seguirán haciendo quién sabe hasta cuándo.

El gobierno estadounidense burla al Congreso. Los partidos se pelean por las cosas que tienen en común para aparentar disimilitudes. Y se avienen en las diferencias porque los afiliados son políticos por negocio y no por política.

Dos destinos manifiestos

Los demócratas tienen predilección por las invasiones y los republicanos prefieren las intervenciones. Tal vez, es de veras una convicción. Y ambos, por lo general, juntos, accidentalmente, separados, la justifican con idearios disparatados. Del “Destino Manifiesto” al “Gran Garrote”; de la “Doctrina Monroe” a su “Corolario Roosevelt”; de la “Seguridad Nacional” a los bloqueos.

Tratan de convencernos de que unas y otras no son la misma guerra cruenta que propalan y a la que le dan continuidad. Desde la conquista del Oeste, hasta…

Tratan de convencernos de que unas y otras no son la misma guerra cruenta que propalan y a la que le dan continuidad. Desde la conquista del Oeste, hasta las dos guerras del Golfo Pérsico (que fueron tres). O de las guerras bananeras a Libia. O de la ocupación y robo de la mitad del territorio de México a la guerra nunca declarada de Vietnam. Desde Cuba y Siria hasta Venezuela e Irán. Contra el comunismo, el terrorismo, las drogas, ¡qué importa el subterfugio!

Lo único que unos y otros, republicanos y demócratas, registran de América Latina es su reputación de despensa atiborrada de riquezas. Desde luego, para su usufructo particular. Un «destino» manifiestamente jodido. Y un pormenor que no la hace distinta de un montón de esquinas en el resto del mundo, pero a la mano.

Para completar el tinglado, desde los tiempos de Bolívar, hasta los actuales, unos criollos taimados que se pasan de listos por las ganas de poder. Que se venden a cualquier postor con tal de que sea norteamericano o europeo. Y que juegan con fuego.

Venezuela: el lado correcto de la mentira

Y todos, de Duque a James Story, el gringo disfrazado de encargado de negocios de la Embajada de los Estado Unidos en Venezuela hasta que lo echaron con su parranda de entrometidos, insisten en el cuento de estar del lado correcto de la Historia (Caracol, 2019; US Embassy, 2019).

Como si en la Historia hubiera orillas y no flujos. Y como si en ella tuvieran cabida las valoraciones de correcto o incorrecto. Se les olvida, al parecer, en lo que ellos mismos, sus abuelos y el resto de sus antecesores la han convertido. Una sucesión de tergiversaciones según el ritmo y el rumbo al que navegue el que la cuenta.

Como si la misma historia para unos no fuera las grandes cifras cuya multiplicación da cero y para otros la serie de naderías que al dividirlas son el todo. Pura minería de relatos y simples matemáticas elementales.

BIBLIOGRAFÍA

Noticias Caracol. (2019). Duque pide a militares venezolanos que “se ubiquen del lado correcto de la historia”. 23 de febrero.

Semana. (2019). Guaidó está dispuesto a ofrecer amnistía a Maduro. 25 de enero. En:  https://www.semana.com/mundo/articulo/guaido-esta-dispuesto-a-ofrecer-amnistia-a-maduro/599065  [13 de marzo de 2019]. (Artículo ya no disponible en línea).

NÚMEROS CONTRA VENEZUELA

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