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¡Lo invisible se ve!

Maradona y el Tren del ALBA

El viaje de Maradona a bordo del Tren del ALBA

Maradona y el Tren del ALBA. Foto:"MARADONA", de DSNg (CC BY-ND 2.0).
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El frío de Mar del Plata contrastó con los ánimos ardorosos de activistas destacados del movimiento social latinoamericano. Dirigentes y amplios sectores de la población confrontaban la propuesta estadounidense del ALCA. El tratado neoliberal era impulsado paralelamente por el presidente George W. Bush en la misma ciudad argentina, en el marco de la Cumbre de las Américas. De los eventos cruciales acaecidos allí, el 4 y 5 de noviembre de 2005, hicieron parte el distinguido futbolista Diego Maradona y el Tren del ALBA.

Éranse una vez Maradona y el tren del ALBA

Nunca creí que fuera a lamentar la muerte de un jugador de fútbol. Al menos, no más allá de lo que se lamenta la muerte de un ser humano medio conocido (mediático o no). O de alguien de cuya existencia apenas si supimos, o que acaso nos incumbe de remota manera.

[bs-quote quote=»Fidel Castro, entonces presidente de Cuba, fue quien con varias semanas de antelación, la palabra diestra y los argumentos convincentes, le compró a Maradona el pasaje para aquel tren de anhelos.» style=»default» align=»left» color=»» author_name=»Juan Alberto Sánchez Marín» author_job=»Periodista, analista y director de TV colombiano.» author_avatar=»https://dxmedio.com/wp-content/uploads/2021/03/juan-albertosanchez-marin-dxmedio-60×60-1.png» author_link=»https://dxmedio.com/juan-alberto-sanchez-marin/»][/bs-quote]El día de experimentar ese sentimiento llegó de la mano de Diego Armando Maradona. Lo siento, además, por mis amigos argentinos. Para muchos de ellos Maradona no sólo representó el futbolista excepcional que en efecto fue. La leyenda imperecedera.

Era, ante todo, una señal de identidad. Bueno, si es que esa vaga noción de la estrechez humana tiene algún sentido. En cualquier caso, entendida como un móvil de cohesión nacional antes que como la inútil búsqueda de rasgos de diferenciación.

Tuve la suerte de conocer a Maradona en su tierra. Fue a bordo del Tren del Alba, en la fría noche del viernes 4 de noviembre de 2005. La afortunada sucesión de cinco vagones que partió con dirección clara y, a la vez, con la certeza férrea, literalmente férrea, de carecer de punto de llegada. Riguroso el rumbo, y sin arribo señalado. No podría haberlo habido, pues las ilusiones intensas carecen de sitio en el espacio y de momento en el tiempo.

El cataclismo del ALCA

La esperanza, a lo mejor, estaría entre los carriles guiándonos adelante. Quizás, de pie en las sucesivas estaciones avistadas a través de las ventanillas. O sería la locomotora que nos remontó entre la oscuridad, de vez en cuando salteada por los faroles de las aldeas veloces. Jamás fue ni será un punto de llegada.

Los desinflados impulsores del Tratado de Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA, no lograron ocultar su pánico a las metáforas. Dieron por hecho que el emblemático tren había partido de Plaza Constitución, en Buenos Aires, a Mar del Plata, con un propósito exclusivo: sabotear su IV Cumbre de las Américas.

Así lo creyeron el presidente estadounidense George W. Bush y los corruptos escuderos, el presidente mexicano Vicente Fox y el primer ministro canadiense Paul Martin. Lo supuso el alfil siniestro, Álvaro Uribe Vélez, el presidente colombiano. Y la larga lista de los demás gobiernos traidores de Nuestra América.

Estaban equivocados. Es verdad que en Mar del Plata se les aguó a Estados Unidos y a Canadá la fiesta neoliberal que tenían armada. Pero lo acontecido por aquellos días de aguaceros sureños sólo sería un arranque del grande sueño de la Patria Grande Latinoamericana. Caribeña. Nuestra. A Mar del Plata no llegó tren alguno. De ahí, si se quiere, partió uno.

El rumbo alterno

Que ha tenido paradas relucientes, como el fortalecimiento del Mercado Común del Sur (Mercosur), y la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC). Y otros respiros, que todavía tienen eco y perspectivas.

Unas y otros van y vienen, por supuesto. Se asfixian o crecen, ya que no es distinta la forma de existir de regiones, sociedades e individuos. Un devenir fluctuante, un proceso inacabable en el que, unas veces, se obtienen logros; otras, se logran pérdidas.

Como hoy, donde Diego Armando ganó la muerte y nosotros hemos perdido su presencia física y sus frases directas para enmarcar. Se nos malograron esas declaraciones escandalosamente certeras contra los buenos modales, la FIFA, los militares y otra gente importante de calaña similar.

Visto desde la esquina opuesta, cuando él perdió la vida mientras que el resto de mortales ganaremos para siempre su memoria y el legado de esa particular naturaleza. ¿Qué son la vida y la muerte, si no cuestiones relativas y a lo sumo contingencias?

Maradona y el tren del ALBA desde adentro

Maradona viajaba en el vagón del extremo, el último (que sería el primero, porque llegó después, pero lo abrieron antes). Al cabo de unas horas de recorrido, a la madrugada, el exfutbolista cruzó el convoy de personajes y periodistas de punta a punta. Lo hizo con notoria calma por los pasillos soliviantados.

Gracias a la gestión amable del diputado Miguel Bonasso pude hacerle algunas preguntas y contar con su saludo cordial para Telesur, el recién creado canal multiestatal latinoamericano del cual Argentina era parte. Y yo también.

Evo Morales, dos meses después presidente de Bolivia, lo acompañó en la travesía por entre la espesa selva de periodistas exaltados y estampas reconocidas. Líderes sociales, actrices, cantantes, todos más fanáticos de él que catadores de la propia notoriedad. Y al otro costado, Emir Kusturica, el cineasta serbio, demasiado grande para la pequeña cámara con la que registraba atento cada uno de sus pasos (material para su Maradona by Kusturika).

Maradona fue cortés conmigo, y al concluir le dedicó un saludo cálido a la audiencia del canal internacional. Por ahí, en Caracas, entre archivos borrosos, habrán de apolillarse sus palabras. O no, quién sabe. Tres lustros son quince años. Maradona y el tren podrán ser temporales, hasta difusos en el recuerdo más preciso, y, sin embargo, nítidos en el vigor subjetivo que proyectan.

El hombre que saludó a la nada

Yo debí quedar satisfecho con el testimonio. Le di apresurado las gracias, en vez de averiguar algo más entre las miles de inquietudes disponibles entonces y siempre. A la luz del tiempo, o de su tiniebla, me doy cuenta de que a la sensación del deber cumplido la atraviesa una mediocridad que espanta.

No consigo evocar, honestamente, cuáles fueron sus respuestas. Menos aún, por dónde rondó mi curiosidad de periodista político sin idea de fútbol, frente a un futbolista con la claridad política suficiente para saber en qué tren andaba trepado. No desde Buenos Aires, sino desde varios años atrás.

Pero guardo nítido, entre los recuerdos, lo manifestado por él un tris antes, en la conferencia de prensa ofrecida en la estación al tope con sus hinchas. Allí donde, igualmente, pude atestiguar la veneración popular que despertaba entre los compatriotas.

Maradona había interpretado el reciente aterrizaje del presidente estadounidense con una frase célebre, rotunda y muy suya: “Hoy el tipo (Bush) llegó, saludó con la mano y con una sonrisa de oreja a oreja… ¡y no había nadie esperándolo! Bush es el hombre que saluda a la nada”.

Se refería al solitario saludo desde la puerta del Force One. A las fingidas sonrisas del vaquero George y de la profesora Laura, su esposa, para la foto. Un desplante que sería leve en comparación con lo que vendría al día siguiente, durante las sesiones plenarias de la Cumbre.

¿Y Bush? ¡ALCA…rajo!

La intensa lluvia de la mañana sabatina del 5 de noviembre le dio paso a la tormenta diplomática de discursos cruzados por contenidos ideológicos contrarios. Dos ejes políticos y económicos continentales que se enfrentarían a muerte al interior de la Cumbre oficial. Contrario a los pronósticos, una Cumbre que a la final resultaría minúscula frente a su Contracumbre o Cumbre de los Pueblos.

A favor y en contra del ALCA, es decir, en la disyuntiva de apoyar la supeditación regional a Estados Unidos o fortalecer los mecanismos en ciernes de la integración regional. Una pugna que condujo, finalmente, no a la firma de acuerdo alguno, sino a la defunción del proyecto imperial.

En esos minutos precisos empezó Estados Unidos a percatarse de que estaba perdiendo el control hegemónico del patio trasero. Un dominio que de ahí para acá, con ligeros intervalos, no se deja de deteriorar. Y que explica por qué entre los planes prioritarios de 2021 figura su recuperación.

El boleto

Yo no sé si las conjunciones o las alineaciones de estrellas con planetas tienen incidencia en los asuntos de la Tierra. Aparte, desde luego, del tormento a las mareas que ocasionan las fases de la Luna. Pero doy por hecho que aquella confluencia terrenal del astro del fútbol con Chávez, Lula, los Kirchner, meteoros de la política regional de entonces, estiraron el impulso de fuerzas determinantes en los años siguientes.

No, no he olvidado aquel nombre crucial. El referente fundacional y fundamental de la vivencia que sería una época llena de confianza en el porvenir. Y que seguirá siéndolo para la resistencia social frente a las élites poderosas.

Me refiero, claro está, a Fidel Castro. El entonces presidente de Cuba fue quien, con varias semanas de antelación, la palabra diestra y sus argumentos convincentes, le compró a Maradona el pasaje para ese tren de anhelos.

Hacia el ALBA

El Tren del Alba entró a Mar del Plata entre las seis y las seis y media de la mañana. No tengo claro si era cuatro o ya cinco de noviembre cuando partimos de Capital Federal, rayando la medianoche. Sé que ha sido la única vez en un trayecto de más de diez minutos, en el medio de transporte que fuere, que no he dormido profundamente. No había cómo. Sobraban las razones para no hacerlo.

Me pregunto, transcurridos quince años, si el árbol inmenso que era Maradona le dejaría ver el bosque espectacular que fueron aquellos días a las docenas o cientos de periodistas apretujados unos contra otros con tal de interrogarlo por cualquier declaración reciente. Por qué hacía lo que hacía, o era como era.

Me inquieta el detalle porque sé que a lo largo de todos y cada uno de los años de existencia del ídolo las ramas de sus adiciones y desenfrenos no les dejaron ver a muchos la arboleda frondosa de él mismo. Sus convicciones, las preocupaciones sociales, el coraje y las lealtades. Intachables, profundas, definidas.

Maradona de memoria

No sé a qué cielo o a cuál de los tantos infiernos vacantes irá a dar Maradona. Trepe al cielo de las rumbas desmedidas o al de partidos de fútbol perpetuos contra ingleses una y otra vez derrotados. Vaya al infierno insufrible de los arrepentidos. En verdad, me importa poco. Total, ¿qué es, si no, la vida? De acuerdo, una tómbola… ¡y lo que venga al mil por cien! Hubo de cantársela así y con emoción Manu Chao.

Sea como sea, de cuando en cuando, seguiré cruzándolo por los atestados pasillos de aquel tren de encortinados de pana roja del que ni muerto se me bajará. Para soltarle, en cada oportunidad, la misma pregunta que no recuerdo: ¿hacia dónde va de verdad este tren? Y algotra añadida: ¿por qué carajo vamos llorando?

26 de noviembre de 2020.

Referencia

  • Maradona by Kusturica. 2008. [film] Directed by E. Kusturica. Francia..

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