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¿Por qué Venezuela está sin gasolina?

Trasfondo 01 - Venezuela sin gasolina

Otra perspectiva sobre lo que en realidad acontece en Venezuela, país que es uno de los principales objetivos de ataque del gobierno estadounidense de Donald Trump en América Latina.

A raíz de la noticia de esta semana, relacionada con el arribo de cinco buques cargados con combustible a Venezuela, procedentes de Irán, una pregunta ronda en el ambiente: ¿Por qué Venezuela está SIN GASOLINA? ¿Porqué ocurre eso si es el país con las mayores reservas de crudo del mundo?  A ese interrogante intentamos darle algunas respuestas en este capítulo de Trasfondo.

¿Por qué Venezuela está sin gasolina?

Las reservas probadas y certificadas de petróleo en Venezuela alcanzaron los 378 000 millones de barriles en 2017. La propia CIA, al inicio de ese año, las reconoció por encima de los 300 000 millones de barriles.

Es innegable, también, que Venezuela afronta la escasez del hidrocarburo desde hace cierto tiempo. Sin embargo, por estos días, en medio de la pandemia de la COVID-19, la situación se ha hecho más crítica.

La cuarentena decretada por el presidente Nicolás Maduro disminuyó, como en cualquier otro lugar, la demanda de combustible. Pero la carencia es tal que se ha comprometido, incluso, la prestación de los servicios sanitarios y la distribución de alimentos. Ni qué decir tiene del suministro corriente.

¿Qué ha pasado? 

Las causas son múltiples, y tan encontradas como contrarias son las perspectivas ideológicas, políticas o económicas con las que se examinen.

Desde la orilla de la oposición, la razón expuesta es tan trillada como elemental: todos los males se deben al pobre manejo económico gubernamental, y a su corrupción.

El proceso venezolano no acontece en el aire ni está a cargo de ángeles. Se ha avanzado, unas veces bien, otras no tanto, en la construcción de un socialismo peculiar. Posible, pero acorralado, y contra viento y marea.

La mayor parte de los países de Occidente llevan muchísimo tiempo desarrollando las democracias capitalistas. La inmensa mayoría no ha conseguido sino erigir unas republiquetas desastrosas, con unos lucimientos embusteros, como Chile, y unas estructuras corrompidas. 

La mayor parte de los países de Occidente llevan muchísimo tiempo desarrollando las democracias capitalistas, y la inmensa mayoría no ha conseguido sino erigir unas republiquetas desastrosas, con unos lucimientos embusteros, como Chile, y unas estructuras corrompidas.

Un decrépito sistema apuntalado por democracias en pañales. Una constante de la remota república bananera. Pero, sobre todo, una singularidad de la ejemplar, la estadounidense, con su sarta de mentiras arquetípicas. El American way of life, el Make America Great Again. 

La actual pandemia dejó el “Almuerzo desnudo”, como el título de la novela de William Burroughs. Ojalá que los ciudadanos estadounidenses se enteren de la clase de élites que los tienen en la punta de sus tenedores. 

La esencia del problema de Venezuela no es el socialismo que se trata de edificar, sino del capitalismo voraz que se esfuerza en destruir ese socialismo incipiente. Y que para hacerlo está dispuesto a todo. Desde contratar mercenarios a dólar, a peso, en el vecindario, en Colombia, hasta matar un pueblo entero de hambre.

Venezuela no se aisló, la aislaron

Venezuela no se aisló por un capricho de sus gobernantes, la aislaron los gobernantes de los países que aletean como buitres alrededor con la pretensión de hacerse a sus riquezas. Empezando por los Gobiernos de aquellos 50 y tantos países que reconocen como presidente a Guaidó.

Guaidó, un títere estadounidense que se autoproclamó presidente en una calle cualquiera. Y que, ese sí, se ha dedicado al pillaje de los fondos internacionales de los venezolanos.

Venezuela es un país de considerables riquezas. Empezando por el petróleo, que siempre ha estado en la mira estadounidense, aunque se manifieste lo contrario. Aunque EE.UU. sea el principal productor mundial del crudo o el producto cotice a precios negativos, aunque la COVID-19 disminuyera el consumo. Y aunque cualquiera con dos dedos de frente entienda que son mejores, más limpias y convenientes varias otras fuentes de energía.

Petróleo para rato

Eso será cierto en el mundo del revés, porque en el que vivimos el petróleo de esquisto, que le ha permitido a EE.UU. posicionarse como el primer productor, es una mentira de cabo a rabo. Apenas rentable en los terrenos de la especulación y la deuda, y con un precio por encima de los sesenta dólares el barril.

El petróleo mueve y seguirá moviendo al mundo por bastante tiempo. Ahora, EE.UU. se centra en el retorno a “la normalidad”, es decir, al consumo desenfrenado. Además, le urge lograr la recuperación económica, en un contexto electoral y de confrontación internacional.  

Dos retos complicados que implican intensificar la marcha de una maquinaria que, desde la visión del gobierno estadounidense, sólo la mueve el petróleo. Mucho petróleo. 

La mayor parte de las grandes petroleras europeas ha incrementado las inversiones en los negocios de energías renovables y de bajas emisiones de carbono.  Otra cosa han hecho las endeudadas compañías de EE.UU., que siguen proyectándose e invirtiendo en petróleo y gas. 

Maduro, un estorbo para EE.UU.

Pero Venezuela, también es rica en una larga lista de minerales. Eso incluye oro, diamantes, bauxita, níquel, etc., y las llamadas tierras raras. Los minerales del futuro, claves para el desarrollo de la alta tecnología. Un sector del que el gobierno estadounidense sabe que depende su hegemonía mundial.

Y a la mano. Toda una riqueza y una despensa de hidrocarburos y minerales a 4500 kilómetros de distancia. Nada comparados con los disponibles y, también, esquivos al otro lado del globo. 

Para disponer de esa riqueza es imprescindible deshacerse del actual presidente, Nicolás Maduro, y de todo su gobierno. De todo lo que huela a chavismo.

Guaidó y Duque, aliados y títeres

Es un requisito poner en su lugar a un sujeto como Guaidó, tan maleable y servil como el presidente vecino, o sea, el nuestro, Iván Duque. Que cede territorios, riquezas, soberanía, a cambio de nada. Bueno, no de nada, sino a cambio de impunidad, que es mucha la que se requiere.

En ese afán de controlar un territorio próximo, geoestratégico, exuberante, EE.UU. adelanta uno de los bloqueos más infames de los que se tenga noticia en los últimos tiempos. Lo ejecuta desde todos los frentes posibles: económico, financiero, monetario, político, diplomático, mediático, e incluso, naval.

Repetidas amenazas verbales por parte de los funcionarios estadounidenses, despliegues militares en los alrededores, apoyo y financiación de sectores violentos al interior del país. La descarada confabulación con el gobierno colombiano para secundar acciones de desestabilización. Y la invasión, siempre barajada como una posibilidad. Todas las opciones, lo repiten Donald Trump, Mike Pompeo, Mike Pence y Elliot Abrams, están sobre la mesa.

En ese contexto de cerco extremo e infame, la de combustible es una más de las carencias que afronta el país. Escasez de todo tipo: alimentos, medicinas, insumos y suministros básicos. 

A cambio del saqueo y de la feria de millones de dólares para una élite local privilegiada, Venezuela  ha dependido del aprovisionamiento estadounidense por más de un siglo.  La élite que ahora lame sus heridas aposentada en Miami y Bogotá,

Una dependencia cuyo término ha tenido un alto costo. Ese es el que se paga actualmente: dotaciones desaparecidas, suministros cortados, falta de repuestos para una industria mediocre, con maquinaria y tecnología estadounidenses, en fin.

Guaidó y el saqueo internacional de los recursos de Venezuela

A eso se suma el saqueo transnacional de los fondos del estado venezolano en varios países. Incluida la congelación de activos por miles de millones de dólares, y el bloqueo de los pagos emitidos por las empresas estadounidenses. Aquellas compañías que, hasta no hace tanto, compraban el petróleo venezolano por parte del Departamento del Tesoro estadounidense. 

Y el robo de CITGO, la filial de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) en EE.UU., mediante un endeudamiento “ilegal”, con la complicidad del golpista Guaidó. CITGO, pocas veces se reseña, era además un importante circuito refinador.

Es probable que el reiterado cambio de administración de PDVSA durante los último años tenga que ver con deficiencias administrativas. Pero no puede pasarse por alto que la compañía petrolera ha sido el centro de infiltraciones,  ataques terroristas y sabotajes por parte de grupos violentos opositores. Por razones obvias.

Son muchos y variados, pues, los motivos por los cuales el país con las mayores reservas de petróleo del mundo está sin gasolina. Unos, desde luego, tienen que ver con deficiencias de administración y planeación internas. Otros, sin duda, se enmarcan en el caótico mercado petrolero mundial y en las debacles de los precios, donde la actual es la cereza del pastel. 

Muchos de esos motivos están en el cerco inhumano al que Estados Unidos somete al país. Tampoco pueden pasarse por alto las razones relacionadas con la estrategia transnacional de hurto de los recursos del estado venezolano.

¿Qué representa la llegada de los tanqueros iraníes?

El arribo de los cinco tanqueros iraníes no soluciona la situación de manera estructural. Pero es un aire en medio de la aguda crisis, y le abre un compás de espera a la posibilidad de reiniciar el refinamiento del crudo en el territorio venezolano. 

Todo indica que los buques, junto al millón y medio de barriles de gasolina, traen repuestos y productos químicos necesarios para reactivar el refinamiento. No será una tarea fácil. Menos aún, en medio de una confrontación en la que, por más crucial que sea, el frente petrolero es apenas uno entre muchos.

Así que ante la pregunta inicial de ¿por qué Venezuela está sin gasolina?, es bueno, antes de responder, contar hasta 10. Hacerlo antes de tragar el cuento de que  la escasez y la suma de los males es interna y gubernamental.

Es una crisis en la que en el centro está la no pequeña ayuda de los enemigos. Muchos, poderosos e imperiales. Claro está, en el mundo no sólo hay enemigos. También caben los aliados, los socios, los amigos. 

Esos tanqueros, con lo que sea que traen a bordo, son una significativa muestra de solidaridad. Fraternidad en medio del sitio bárbaro, medieval, al que en pleno siglo XXI los Estados Unidos someten a países como Venezuela y al propio Irán.

FICHA TÉCNICA:

  • Guión, presentación y postproducción: Juan Alberto Sánchez Marín.
  • Producción, fotografía y cámara: Juliana Ramírez Acevedo.
  • Una producción dXmedio (Colombia) y Tercer Canal (Colombia).
  • Colombia. Mayo de 2020.
Fuente DeXmedio Tercer Canal
Vía Tercer Canal

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