Estados Unidos-Sociedad de Jóvenes hombres lobo

Estados Unidos-Sociedad de Jóvenes hombres lobo, hijos de los guerreros fracasados de Vietnam y demás inadaptados. De mujeres y hombres avezados, pero también de amputados poco adecuados para exhibir. La sociedad de individuos que parecen inteligentes, cuando en verdad se trata de dementes. La de quienes nos hacen pensar que están locos, pero que son sujetos peligrosamente obsesos y solos.

Desde el triunfo de la Revolución iraní, hace más de cuatro décadas, Estados Unidos ataca de manera cruel, directa e indirectamente, al país persa. Sin embargo, las agresiones despiadadas empezaron mucho antes, con el derrocamiento del primer ministro Mohamad Mosadeq.

La precariedad de película

En Estados Unidos, las tradiciones tuvieron que partir de cero, con todo lo que eso significa para la construcción de una patria. El prodigio de idearse como nación, junto al infortunio de tener los pilares puestos sobre celos, repudio y duelos, o de no tenerlos.

Una historia que carece de referentes y sostenes, así como también de prudencia. Unas élites desprovistas de ética y moral. Razones de más por las cuales la nacionalidad estadounidense se alzó sobre invenciones y el desarrollo se dio a partir de inventos.

La realidad se narra como empresa heroica, pero los narrados confunden el juicio con la alucinación. Los límites de la cordura con los despropósitos macabros. Y todos son exaltados en epopeyas que son cintas de celuloide y espectáculos de feria. A la final, unos relatos de más son historia de menos.

1953, lo mismo

Los ataques de Estados Unidos contra la República de Irán comenzaron hace casi siete décadas, en 1953. Con el golpe de Estado contra un Gobierno legítimo: el de Mohamad Mosadeq.

El golpe fue efectuado con elementos organizados y financiados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y los servicios de inteligencia secretos británicos (MI6). Se ejecutó mediante la Operación Ajax (TPAJAX Project), una designación que no tiene nada que ver con los legendarios héroes griegos de nombre Áyax.

Ni siquiera se relaciona con aquel despistado semidiós de Sófocles que, dos mil años antes que don Quijote, también confundió rebaños de ovejas con ejércitos y los despedazó. El nombre aludía a un conocido producto de limpieza (Wikipedia), que elimina gérmenes y manchas… Y, al parecer, comunistas.

De baja estofa fue la operación. Quienes le dieron ese nombre así lo consideraban. ¡Ajax, el que dura más! Hay que reconocer que el limpiador (el asesino puesto en el poder) duró, pero no tanto como lo calculado por los golpistas.

¡El comunismo!, siempre

El complot hubo de ser constatado sesenta años después, en documentos desclasificados de la agencia estadounidense (The National Security Archive, 2013). Un golpe adelantado no a partir de hechos concretos, sino con base en predicciones volátiles. A su vez, asentadas en meros prejuicios de interés.

Por un lado, la eventual influencia del partido Tudeh (Partido de las Masas) sobre el presidente Mosadeq. Es decir, el presumible dominio comunista del país (la narrativa de la Guerra Fría).

¿Delirio de persecución? ¿Amenaza verídica? No. Todo lo contrario: un afán obsesivo por deshacerse del antagonista, la persecución delirante. No hay duda al respecto, según lo indica el documento desclasificado de la CIA. «Campaign to install pro-western government in Iran under the Sha’s leadership» [Campaña para instalar un gobierno pro-occidental en Irán bajo el liderazgo del Sha].

“Thus, if the coup against Mossadegh was intended to prevent a Communist takeover, it was premature at best”. [Así que, si el golpe contra Mosadeq tenía la intención de impedir una toma de posesión comunista, era prematuro en el mejor de los casos] (Gasiorowski, 2019).

 

Irán sería incapaz de sobrevivir sin el flujo petrolero torpedeado por ellos mismos. Y Estados Unidos sería el llamado a salvar al país, y, de paso, controlar su petróleo.

Otra causa, la misma: British Petroleum Company

Otro fundamento igual de infundado: la conjetura de la depresión económica. El colapso que causaría el bloqueo del petróleo iraní, impulsado por el propio Reino Unido. O sea, por su compañía, la Anglo-Iranian Oil Company (Compañía de Petróleos Anglo-Iraní, AIOC), la propia saqueadora del petróleo. Un año más tarde renombrada como British Petroleum Company, pieza clave de la actual BP PLC.

Y otra larga sucesión de peripecias y conjuras. Baste con decir que fue un asedio motivado por la negativa de la petrolera británica a compartir datos operacionales con Irán. Y menos dispuesta a repartir con los auténticos dueños los réditos del petróleo expoliado.

La idea malintencionada de que Mosadeq no iba a sortear la probable crisis (“narrativa del colapso”) era inverosímil, pero bastaba con que la creyeran quienes la idearon. 

Un Irán incapaz de sobrevivir sin el flujo petrolero torpedeado por ellos mismos. Entonces, por supuesto, Estados Unidos efectuó el llamado de costumbre para salvar al país, y, de paso, poder controlar su petróleo. 

El salvador insalvable

Interpretaciones amañadas y nada verificables, en ningún sentido. La inventiva interesada. Y la evidencia de un comportamiento que no se modifica a lo largo del tiempo: justiciero en el alegato; en realidad, propio de bandidos.

EE.UU.: Sociedad de Jóvenes Hombres Lobo cuyos gobernantes se valen de tretas pérfidas para ensanchar el poderío del imperio. Es decir, del bolsillo propio de una élite dispuesta a todo con tal de mantenerse en la cúspide.

En el camino se devora a sí misma una y otra vez, pero no le importa. La voracidad puede más que el instinto de supervivencia. Ahí radica, también, su mayor debilidad.

En igual país, en dos épocas distanciadas, una muestra de la rapacidad que mueve a las administraciones estadounidenses y a sus aliados. Ingleses, en 1953. Ingleses, más alemanes y franceses, árabes e israelíes, en 2020. La consecuente hipocresía con que se conducen por el mundo.

“Sea lo que sea que hayamos hecho, bueno o malo… podemos al menos tener la satisfacción de haber salvado a Irán del comunismo”. Del socialismo, del terrorismo o de lo que sea que se acomode.

La explicación, pese a que aparenta la paráfrasis de una frase de Trump en respaldo de cualquier bestialidad, no lo es. Fue el argumento, en 1957, del presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower.

Con esa frase el general de cinco soles justificó las acciones encubiertas de su país en Irán para derrocar a Mosadeq. Y en Guatemala para hacer lo propio con Jacobo Árbenz.

 

El sha de Irán, Reza Pahlavi, fue un títere que empezó a labrar la caída desde el momento en que los gringos lo treparon al poder. Y cayó.

Un refugio del derecho del público

Estados Unidos le dio el beneplácito a un aliado incondicional, Reza Pahlavi. El sha, que tampoco lograría complacer del todo el apetito de las petroleras norteamericanas. Y francesas, holandesas e inglesas (British Petroleum).

No por falta de voluntad, sino debido a su impopularidad e ilegitimidad de su gobierno. También, desde luego, por el profundo sentimiento antiimperialista de la sociedad iraní. Al sha no le bastó la represión desatada. Fue un títere que empezó a labrar la caída desde que los gringos lo treparon al poder. Y cayó.

A los papeles con los detalles de la maquinación se accedió seis décadas luego de ocurridos los hechos. Entre textos extraviados, telegramas destruidos, alteraciones obvias y retrasos se reconstruyó el esquema de la actuación. Algo es algo, con tal de conocer las maniobras soterradas de la Inteligencia estadounidense. 

La CIA, ni qué decirlo tiene, no desclasificó los documentos a voluntad, sino forzada por la Ley de Libertad de Información (Freedom of Information Act, FOIA). La Ley, firmada por Lyndon Johnson contra su voluntad, obliga al gobierno federal a suministrar sus registros e historiales.

A pesar de las nueve exenciones, tres exclusiones especiales, los obstáculos administrativos y la perseverante labor de la Corte Suprema para acotarla, la FOIA es un refugio del derecho del público. Gracias a ella, la ciudadanía logra averiguar algo sobre la información que maleantes y burócratas tildan de confidencial.

Mosadeq con sus copartidarios, en 1951.

La treta idéntica

Aquella confabulación contra Irán era una secreto a voces desde hacía rato. Los expresidentes Clinton y Obama, y la secretaria de Estado Madeleine Albright, incluso, reconocieron la participación estadounidense en el entramado. Pero la documentación revelada llevó las cosas más allá: dejó clarísimo que el modus operandi seguía (sigue) vigente.

La CIA y el MI6 financiaron pandillas de sabotaje, bandas callejeras y de protesta. Sobornaron oficiales de las Fuerzas Armadas y unidades militares. Crearon alianzas con sectores burgueses y grupos monárquicos cercanos a Pahlevi.

Los medios corporativos estuvieron abocados a lo suyo: la difamación implacable del primer ministro Mosadeq. Y el silencio absoluto en cuanto a las prácticas despreciables de los funcionarios estadounidenses e ingleses.

Casi siete décadas atrás, claramente, las mismas tretas actuales. Los indignos eventos no pasan de nuevo en el presente o se repetirán en el futuro. Suceden, otra vez, en el pasado, a medida que se revela. No son, precisamente, ucronías al estilo de Harry Turtledove, prolijo escritor estadounidense de historia alternativa. Son arremetidas frontales contra la Historia.

 

Sesenta y siete años atrás, las mismas tretas actuales. Los indignos eventos no pasan de nuevo en el presente o se repetirán en el futuro. Suceden, otra vez, en el pasado.

Estados Unidos-Sociedad de Jóvenes hombres lobo

Las actuaciones inexcusables de Trump dejan a la sociedad estadounidense más mal parada de lo que ella misma supone, aparte de las responsabilidades directas e históricas. Y al presidente, en el Despacho Oval, peor sentado de lo que jamás admitirá.

Los actos horrendos lastiman tanto a las víctimas como a quienes las infligen. El asesinato de Soleimani. Masacres frecuentes, ejecuciones extrajudiciales y torturas. Golpes de estado, depredaciones incesantes. Asaltos de cuatreros y vilezas cometidas a diestra y siniestra.

Es largo el listado de los actos inexcusables en los que incurre el Gobierno estadounidense. Lo peor es que pocos o ninguno de esos desenfrenos los pagan los causantes. Ellos corren por cuenta de los ciudadanos, aun de los escépticos.

Estados Unidos: Sociedad de Jóvenes hombres lobo, como la descrita por Michael Chabon (1999) en sus relatos, que no termina de hacerse mayor. «Nuestra propuesta de sociedad con el Wrestling Channel (Canal de la lucha libre)…”

Los espectaculares combates escenificados, tan populares entre los estadounidenses. Los cuales pasan de los cuadriláteros locales a la arena de las relaciones internacionales con idéntica combinación de técnicas, tan salvajes como faranduleras. ¡Vaya desgracia!

Bibliografía

  • Chabon, Michael. (1999). Jóvenes hombres lobo. (2012). eBook. Literatura Random House.

Referencias

Ver también

La sociedad entrampada de Trump.

Estados Unidos-Sociedad de Jóvenes hombres lobo. dXmedio
Autor
Juan Alberto Sánchez Marín
Periodista y analista colombiano. Dir. cine /TV. Consultor ONU. Catedrático universitario. Telesur, RT, Señal Colombia, HispanTV. Dir: dXmedio.

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