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Yemen: vieja ambición de los Saúd de Arabia

GUERRA CONTRA YEMEN - Parte 4

Yemen: vieja ambición de los Saud de Arabia. dXmedio. Foto: Homless Children in Yemen. Nariman El (CC).
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La mejor manera que los saqueadores hallaron para hacerse a Yemen fue restaurar en el mando a un presidente sin Gobierno y a un Gobierno sin control territorial, en la guerra de pocos días que se les volvió de muchos años.

Cuarto de seis artículos a través de los cuales brindamos algo de luz sobre un conflicto atroz, silenciado y olvidado por las potencias de Occidente.

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Yemen: vieja ambición de los Saúd de Arabia, tanto, que desde comienzos del siglo anterior esta voraz monarquía le arrebató territorio a Yemen. La desmedida ambición de la casa de Saúd continúa manifestándose en el presente, a través de una cruel invasión.

¡Yemen a la vista!

Yemen es una tierra extraordinaria y un preciado cruce de caminos. Lo que tiene de pobre es porque su exuberancia, al igual que su bienestar, han sido saqueados desde hace siglos. La rutinaria crónica de las colonias arruinadas por los usurpadores europeos (ingleses, en este caso), los sucesores o las contrapartes.

Nada es tan peligroso, para el mundo libre, como una patria con la mala intención de aspirar a emanciparse. Nada más horrendo, para la democracia mundial, como un estado autónomo, popular, suelto de la manada. Además, en paz, en una área geoestratégica sobre la cual se han trazado ambiciosos e ilusorios proyectos.

El odio a Irán

Con el designio del conquistador anclado en la febril mente del recién elegido heredero, príncipe Muhamad bin Salman Al Saúd, el Reino se lanzó en pos de lograr las avariciosas metas.

La explícita: restaurar en el poder a Abdu Rabu Mansur Hadi, el fugitivo e insustancial expresidente yemení, vicepresidente del dictador Saleh por catorce años. Hadi fue artífice de su personal debacle con la corrupción más impúdica y una excluyente política de autonomías dispares. Eso sí, bastante proclive a sauditas y estadounidenses.

La meta implícita: eliminar, en primera instancia, el movimiento popular Ansarolá («partidarios de Dios») de la vida política del país. A la par, contrarrestar la paulatina ascendencia regional de la República Islámica de Irán.

Los Saúd ven en el país persa el mayor estorbo para la acariciada supremacía regional. Irán les importuna, entre otros, el primer puntal de la Visión 2030 de Bin Salman, que es hacer de Arabia Saudita el «corazón de los mundos árabe e islámico». Y del Medio Oriente.

Yemen: vieja ambición de los Saúd de Arabia

Y la meta innombrable: adueñarse de los puntos estratégicos de Yemen y controlar las fundamentales rutas. Tramos de territorio, el puerto de Adén y el estrecho de Bab al-Mandeb figuran hace rato en los planes de Arabia Saudita.

A través de estos,  los Saúd se plantean sacar el petróleo por vía directa, evitando el paso por el estrecho de Ormuz, frente a las costas de Irán.

Los cruces y los mares que bañan los litorales yemeníes están en la médula de la maquinación. Son parte de una vieja ambición de la casa de Saúd. Y un complemento: la construcción del oleoducto también largamente soñado por Arabia, que atravesaría por el norte de Yemen (Middle East Eye, 2019).

Un gobernante sin Gobierno

La dupla saudita-estadounidense le apostó al incapaz Hadi, tal vez, porque no identificaron un mejor secuaz. O porque en aquellos desiertos de la conveniencia el mejor, simultáneamente, es la peor persona.

La comunidad internacional, esa entelequia sin repercusión, en gran medida reconoce como gobernante legítimo a Hadi. También, Naciones Unidas, una organización sin congruencia ni peso, que naufraga en sus propias denuncias, declaraciones e informes. El gobernante supuesto fue condenado a muerte in absentia (en ausencia) por «alta traición». Su Gobierno es una entidad carente de consistencia. Pero útil para los fines oportunistas de socavar y dividir al país.

El exmandatario fue declarado traidor al aliarse con Washington y Riad para recuperar, mediante la invasión extranjera, el trono perdido. Y por importarle un bledo «la seguridad, la independencia y la integridad territorial del país» como lo manifestó el entonces fiscal general (Hispantv, 2015), mientras Hadi partía a hurtadillas hacia Riad. No es Ricardo III, pero pudo serlo: «El reino por un caballo». O por un camello. Árabes, indudablemente.

La ONU y el presidente impresentable

Tan desdeñable personaje es el presidente presentable para la ONU. No es de extrañar, de hecho, puesto que fue su Consejo de Seguridad, por la Resolución 2216, el que respaldó la arremetida. El Consejo procuró legitimar así una actuación a todas luces ilegal.

Fue esa la instancia que, además, avaló la llamada Iniciativa del Consejo de Cooperación del Golfo. La sesgada e improcedente propuesta de una liga a órdenes de Arabia Saudita y los EAU. Una asociación para delinquir a las órdenes de matones.

La ONU, tan impresentable como Hadi, que todavía, por enésima vez, a través de su Organización Mundial de la Salud (OMS), desautoriza el puente médico humanitario desde el aeropuerto de Saná (Almasirah, 2019).

Una de las muchas formas sigilosas de matar a treinta mil pacientes que requieren tratamiento en el extranjero. Los yemeníes lo urgen. No es migraña lo que padecen. Son víctimas del fuego graneado y de los ataques aéreos indiscriminados que llueven por miles en una región de poca lluvia y sin agua.

Contra la salud de los yemeníes

Al menos sesenta mil pacientes son atendidos en los hospitales. Medio destruidos, escasos, sin insumos básicos. Centros que apenas si existen gracias al esfuerzo sobrehumano de los compatriotas y de una que otra institución extranjera honesta cuya ayuda no se esfumó.

Los cometidos del príncipe Bin Salman, aprendiz de tirano y ministro de Defensa del Reino, por supuesto, se malograron de principio a fin.

Los hospitales reventados no han sido daños colaterales, sino los blancos en la mira. Lo reflejó The American Conservative (2019) con aterradora ironía, cuando un ataque aéreo golpeó un hospital apoyado por Save the Children y mató a siete personas, incluidos cuatro niños. «Las bombas de la coalición saudita salvan el hospital de niños en Yemen», tituló el portal.

De paso, el paleoconservador medio estadounidense hace una advertencia perentoria: «Cuando escuche a funcionarios de la Administración (de Estados Unidos) y a miembros del Congreso (de Estados Unidos) defender la participación de Estados Unidos en esta guerra, recuerde que esto es lo que están defendiendo». ¡Cómo olvidarlo! Y se olvida.

Los cometidos del príncipe Bin Salman, aprendiz de tirano y ministro de Defensa del Reino, por supuesto, se malograron de principio a fin. Ansarolá no tiene acabamiento a la vista. Y Abdu Rabu Mansur Hadi, con certeza, está acabado.

Ver serie

GUERRA CONTRA YEMEN. Seis artículos revisados. Publicación original: 3 de noviembre de 2019. Portal del canal internacional Hispantv.

  1. Yemen: otra guerra sin salvación ni justificación.
  2. La primicia sin prisa de los medios en Yemen.
  3. Cisma y cinismo en la guerra contra Yemen.
  4. Yemen: vieja ambición de los Saúd de Arabia.
  5. Yemen: no hay guerras apacibles ni controladas.
  6. En Yemen todo es posible, hasta la paz.

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