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¡Lo invisible se ve!

Represión alcanza límites insospechados en Colombia

Entrevista del canal boliviano Abya Yala

Represión alcanza límites insospechados en Colombia. dXmedio
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Represión alcanza límites insospechados en Colombia porque quienes la ejecutan tienen la certeza de que la justicia nunca les llegará.

Represión alcanza límites insospechados en Colombia, y las investigaciones sobre los asesinatos de líderes sociales, indígenas y de manifestantes, que deberían haber avanzado, no lo hacen. Y lo harán muy poco.

Texto de la entrevista del periodista y analista internacional JUAN ALBERTO SÁNCHEZ MARÍN para el canal ABYA YALA (Bolivia).

Tan graves que la CIDH es una esperanza

Yo decía, en algún texto o entrevista, que es tan grave la situación en nuestro país que una esperanza es la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la CIDH, comisión que tiene un triste haber en nuestro continente.

El caso de Bolivia es un claro ejemplo. Ustedes vivieron en carne propia el apoyo de la Comisión al golpismo, a la golpista señora Áñez. Esa es la CIDH y esa es la esperanza en nuestro país. Y eso expresa en qué nivel nuestra situación es desesperada, desesperante y grave.

Esta Comisión hará un informe, porque las pruebas son contundentes, la situación no hay que explicarla. Las imágenes, por sí solas, dan cuenta de lo que sucede en este país.

Persecución a la prensa

Va a ser, entonces, bastante compleja la situación. No sólo la que se vive ahora, que es desesperada, como lo dije. Están matando a los jóvenes, lo siguen haciendo.

Asesinan a quienes protestan en diferentes sitios de resistencia, en Cali y otras ciudades. Y lo van a continuar haciendo.

Claro, eso no se divulga, no se muestra. Se denuncia muy poco de manera abierta. Y a los periodistas y medios que lo hacen los amenazan, como es el caso del valiente periodista ALBERTO TEJADA y del CANAL 2, de Cali.

Nada nuevo en este país, donde a los periodistas incómodos los agreden, y también los matan.

La realidad es que la situación no ha variado en relación con lo que pasaba unos días o unas semanas atrás, visible en imágenes que le dieron la vuelta al mundo.

Represión alcanza límites insospechados en Colombia.

La represión alcanza límites insospechados en Colombia. Lo que se ve, el ataque inmisericorde de la Fuerza Pública contra ciudadanos desarmados, apenas es una punta visible de lo que ocurre.

Esos policías blindados, que son el SMAD, disparando sus armas de dotación, medio legales, medio ilegales, a quemarropa contra muchachos en camiseta. O esos policías disparando armas de fuego contra manifestantes con piedras, y protegidos con un escudo de lata o plástico.

Esos paramilitares escudados detrás de la gloriosa Policía Nacional disparando sin piedad contra indígenas armados con palos de chonta. Y contra manifestantes que gritan.

Eso, todo eso, no es nada. No es más que una muestra minúscula de los crímenes que están cometiendo estas letales fuerzas policiales colombianas contra una población hastiada y asqueada de una cuadrilla de criminales que se ha tomado el Gobierno.

El Gobierno, el Congreso, las altas Cortes, todos y cada uno de los entes de control la Procuraduría, la Fiscalía, la Contraloría. La Defensoría. dizque del Pueblo, que en verdad protege a los asesinos.

A los valientes los matan los cobardes

Están matando a los jóvenes porque tienen la valentía de gritarles en la cara  lo que son: asesinos. Los matan para ratificar que sí, que lo son, que son matones. ¡Sí, somos asesinos! ¿Y qué?

Unos matan porque les ordenan que lo hagan. Lo ordenan el presidente, su ministro de Defensa, su ministro de Justicia, el director general de la Policía Nacional, el comandante general de las Fuerzas Militares, etc.

Otros porque son, en efecto, los asesinos, los que tiran del gatillo. Los policías a sueldo, los paramilitares, es decir, los que aquí se llamaban anteriormente “pájaros”. Son los gatilleros oficiales, los sicarios estatales.

Duque pagará ante CPI lo que comete ahora

Lo que está pasando en este país no tiene nombre. Y si aún queda algún rescoldo de justicia en el mundo, toda esta caterva de matones tiene que pagar caro su carácter criminal.

La Corte Penal Internacional de La Haya (CPI), creada por el Estatuto de Roma, y Colombia es firmante de ese pacto, tiene competencia para juzgar a los responsables de genocidio y de crímenes de lesa humanidad.

La CPI les ofrece penas de cadena perpetua y penas bastante amplias. Las demandas ya están, unas en ciernes, otras en marcha. Y tarde o temprano van a operar contra estos individuos que masacran a su propio pueblo.

Iván Duque será un expresidente joven. Tendrá tiempo suficiente para pagar después las barbaridades que ahora comete.

Duque recrudece la violencia en Colombia

La fórmula elemental para acabar con la violencia

La única manera en la que este país se quita de encima tanta violencia y tanta depravación es juzgando y condenando a los artífices.

Si se impide que los asesinos se escapen por las alcantarillas, si se frena la impunidad que carcome la estructuras, démoslo por seguro, se detendrá la violencia desbocada de este país.

Iván Duque será un expresidente joven. Él y su cúpula policial y militar tendrán tiempo suficiente para pagar después, ante la Corte Penal Internacional, las barbaridades que ahora cometen. Y no es una advertencia. Es la amenaza de la justicia, que siempre se cierne sobre criminales y genocidas, aunque sea en Colombia.

Disminuirían, por lo menos, tantas masacres, desplazamientos, asesinatos, violaciones, usurpaciones de tierra y propiedades.

La total impunidad es la leña que alimenta el fuego de la violencia en Colombia. La convalidación de fortunas de sangre y de las riquezas de muerte son la gasolina.

Dueños del país son asesinos y saqueadores

Los dueños del país no pueden consagrarse como prohombres y modelos, sino que deben ser vilipendiados por lo que son: asesinos y saqueadores despiadados.

Así que la solución a un problema que nos pintan tan complejo, tan irresoluble, en últimas es elemental. Se trata, simple y llanamente, de que opere la justicia, la cual en brilla por su ausencia en Colombia.

Se trata, elemental y claramente, de ponerle fin a la impunidad, la cual estimula la comisión de toda clase de delitos. Desde corrupción, hasta crímenes de Estado, en todas las manifestaciones. La solución parece muy compleja, pero a la hora de la verdad es sencilla.

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Segunda parte de la entrevista con el periodista Juan Alberto Sánchez Marín.

Referencia al asesinato del líder social DANILO GALINDO y su hijo DAVID GALINDO, en Arauca, y de la profesora y autoridad indígena ARGENIS YATACUÉ y de su esposo, MARCELINO YATACUÉ IPIA, en Cauca.

Más asesinatos en Arauca y Cauca

Son los asesinatos más recientes. En el departamento de Arauca, limítrofe con Venezuela. Una zona donde el combustible de la violencia, del asesinato de líderes sociales es multiforme y con demasiados actores.

Allí actúan todos los grupos, paramilitares, narcotraficantes, exmiembros de las antigua guerrilla de las FARC dedicados en su mayor parte al narcotráfico, el propio ELN, es decir, son una cantidad de actores bastante complejos.

Danilo Galindo era un defensor de las comunidades indígenas en la región de Arauca, de una de las comunidades más azotadas, pero ahora hacía parte de la Alcaldía del municipio. Se dedicaba a actividades de defensa de los derechos humanos, de convivencia, como se llama allí a la dependencia.

Los indígenas del Cauca, las dos personas asesinadas, eran líderes en la comunidad, en Corinto, en el Cauca, que es otra de las zonas más críticas para los indígenas.

Duque descubre el agua tibia

La situación de los indígenas es crítica a lo largo y ancho de este país. En general, es complicada porque ellos están en las vías de la ambición. Sus territorios, sus resguardos, como se los llama, están ubicados en las rutas de demasiadas pretensiones.

Cada tanto, el presidente Iván Duque y su equipo, ese equipo de ineptos, declaran a través de los medios, y de los mecanismos que pueden, que la culpa es del narcotráfico.

Mejor dicho, cada tanto descubren el agua tibia. Afirman que el narcotráfico es el enemigo, y el que mata a líderes sociales e indígenas.

Claro que el narcotráfico, en regiones que anteriormente eran controladas por la entonces guerrilla de las FARC, existe. Y es el combustible de muchas guerras y guerritas territoriales, de disputas por esos territorios.

Claro que el Estado nunca hizo presencia para reemplazar con programas y apoyos esas regiones, o lo hizo con militarizaciones y plomo, y lo sigue haciendo. Ahora bien, en donde están las mayores militarizaciones, como en Cauca, se cometen los asesinatos más tenaces y fuertes.

No hizo el Estado la presencia que se requiere, con desarrollo rural. O, simplemente, hizo lo de siempre, y es que jamás asomó las narices por esos vastos territorios.

Y una de las causas, además de las consabidas de la desidia, la burocracia, la incapacidad institucional del Estado, una de las principales causas es que hicieron trizas la paz. Este Gobierno destruyó los acuerdos de paz.

Territorios indígenas en rutas de la ambición

La situación de los indígenas es desesperada en muchas regiones, en todo el territorio nacional, porque se cruzan en las rutas de demasiadas, y muy grandes y poderosas ambiciones.

De muchos particulares, de los grandes señores de este país. De sus proyectos agroindustriales, azucareros, madereros, de palma, en fin.

De la enorme avidez de los proyectos minero energéticos de las transnacionales. Y de mucha codicia estatal que busca beneficiar precisamente esos proyectos a cambio de unas monedas.

La impunidad es la leña que alimenta el fuego de la violencia en Colombia. La convalidación de fortunas de sangre y de riquezas de muerte son la gasolina. Los dueños del país no pueden consagrarse como prohombres y modelos, sino que deben ser vilipendiados por lo que son: asesinos y saqueadores despiadados.

La situación de los indígenas, por eso, es crítica, y por eso los están matando. Porque en este país quien reivindique su derecho a existir y al territorio es asesinado.

Territorios que, además, cumplen una función de beneficio social para esas propias agroindustrias destructoras. Porque los indígenas son quienes cuidan las fuentes de agua.

En el Cauca, por ejemplo, se dice que los indígenas son los grandes poseedores de tierra. Claro que poseen unos territorios que no son cultivables, están en los páramos. Ellos defienden el Macizo Colombiano, que es el agua que surte a grandes poblaciones. Igual sucede en el Catatumbo y en cualquier parte.

Entonces, son muchas de estas razones. Es una maraña de causas la que ocasiona lo que sucede en el país, y, en particular, con los indígenas.

Las movilizaciones son la esperanza

Realmente, es grave lo que ocurre, pero, a la vez, también resulta esperanzador.

Hay que defender a los jóvenes, hay que protegerlos. Hay que insistir y denunciar las masacres que se viene cometiendo.

Ya no sólo en los ámbitos rurales, con los líderes sociales e indígenas, sino también en las propias calles. Y no de los pueblos remotos, o de las capitales alejadas, sino en la capital de la república, en las grandes ciudades, en Cali o Medellín.

Hay que continuar con la acción de denunciar lo que acontece, insisto, que es grave. Pero, también, es esperanzador ver esas movilizaciones masivas, que los grandes medios no muestran.

Esas protestas de carácter multitudinario frente a la propia casa del presidente Iván Duque, llamándolo lo que es: un asesino.

Y exigiendo que se siente a dialogar, porque esos diálogos que ha ofrecido son inexistentes. No se busca el diálogo ni la confraternidad. No se busca ponerse de acuerdo.

Se busca la represión, y la manera de erigirse después como los salvadores del propio fenómeno de descomposición y violencia que ellos mismos ocasionan.

Es importante ofrecer otras visiones e informar en relación con lo que aquí se está ocultando de manera grande.

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