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¡Lo invisible se ve!

Nuevos abusos de varios siglos contra indígenas en Colombia

Muerte a los indígenas en Colombia (Parte 3).

Los indígenas viven atrapados por la guerra en Colombia.
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Los nuevos abusos de varios siglos contra los indígenas se parecen a lo largo del tiempo. Asesinatos, masacres, despojo de tierras y el exterminio son las acciones que soportan estas comunidades. La solución para las matanzas no es aumentar el pie de fuerza militar.

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Los nuevos abusos de varios siglos contra los indígenas se parecen a lo largo del tiempo. Asesinatos, masacres, despojo de tierras y el exterminio son las acciones que soportan estas comunidades. La solución para las matanzas no es aumentar el pie de fuerza militar. Menos aún, si la acción se encamina a reprimir a los desposeídos, más que a evitar su exterminio.

Inversión social en armamento

Las providencias de coyuntura, que se aplican cada tanto como soluciones definitivas, no son sino nuevos componentes de la vieja receta que tiene al departamento del Cauca, en el suroccidente colombiano, como lo tiene. Sumido en la desgracia.

El presidente Iván Duque Márquez, al concluir la sesión de trabajo sobre el Plan Social del Cauca, hace unos días, dejó pasmado al país pensante al advertir que el narcotráfico es el enemigo y el que mata a líderes sociales e indígenas.

Aclaró algo que muchos colombianos no teníamos idea que sabía, no por inquina con él (que no la hay) ni por resquemores hacia su partido (que sí los hay). Apenas porque así lo ha mostrado y demostrado su gobierno con la inacción.

Dijo el presidente que el fenómeno (de la violencia en el Cauca), aparte de la Seguridad y la Justicia y todo ese cuento impropio, «se enfrenta llegando a los territorios con estas iniciativas sociales, con estas alternativas productivas» (Presidencia de Colombia, 2019).

Gracioso que el primer mandatario colombiano prometa ese tipo de inversión, mientras arriban cargamentos de tropa y armas. Ofrecimiento que no cumplirá, pero hasta una mentira es algo. A los indígenas del Cauca, de siglo en siglo, les han propinado copiosas esperanzas. Aguantarán de pie una de más.

Los nuevos abusos de varios siglos contra indígenas

Hasta el rey Fernando VII les concedió, generosamente, parte de las tierras que él mismo había ordenado quitarles. Simón Bolívar expidió decretos a su favor que todavía no se comprende qué tanto los hubieran beneficiado porque jamás se formalizaron.

José Hilario López los ilusionó con la abolición definitiva de la esclavitud, en 1851, lo que en verdad fue un cambio de nombre y el origen desde el Cauca de una de las nueve guerras civiles nacionales del XIX.

Tomás Cipriano de Mosquera les otorgó tierras de terratenientes que les arrebataron sin llegar a pisarlas. Álvaro Uribe prometió no matarlos y… Bueno, el repertorio es amplio.

Los nuevos abusos contra los indígenas tienen poco de recientes. Los de último momento llevan décadas; los acostumbrados, siglos. Son los nuevos abusos de varios siglos contra los indígenas.

Medios y desmedros

Los grandes medios, cuyos dueños no salen ilesos del entrecruzamiento de intereses involucrados, abordan las masacres indígenas con sensacionalismo, mientras que los asuntos de fondo pasan desapercibidos o son retorcidos.

José Hilario López los ilusionó (a los indígenas) con la abolición definitiva de la esclavitud, en 1851, lo que en verdad fue un cambio de nombre y el origen desde el Cauca de una de las nueve guerras civiles nacionales del XIX. Tomás Cipriano de Mosquera les otorgó tierras de terratenientes que les arrebataron sin llegar a pisarlas. Álvaro Uribe prometió no matarlos y…

Los periodistas, a voluntad o por salubridad, rehuyen coberturas y contextos en una sociedad acostumbrada durante décadas a mirar para otro lado. La sociedad que olvida en cuanto puede lo que medio le muestran los medios.

Esa parte de la sociedad que de vez en cuando sale a las calles para atenuar los pecados de la indiferencia y el silencio. Y menos mal que lo hace.

El derecho a la rabia

Con su natural agudeza y precisión para nombrar las cosas, la escritora Carolina Sanín señaló en relación con la marcha del 21 de marzo de 2019: «El paro programado con dos semanas de antelación es un chiste de sumisión. ¿Es posible que no se den cuenta?» (Facebook). Ojalá que fuera que no se dan cuenta.

Pero, pese al escepticismo logrado con harto esfuerzo, hay que marchar. Por las calles, las plazas, las vías del país. Cantando, gritando y aullando. Pintados o disfrazados.

Las ineptas autoridades a ponerles bozales a los SMAD. Que hagan su trabajo y fichen a saboteadores, violentos, matones. Mejor dicho, que identifiquen a los propios infiltrados y que no saboteen las manifestaciones democráticas y constitucionales de los ciudadanos.

Marchar, protestar, movilizarse por las miles de razones personales, grupales, gremiales, sindicales, sectoriales, en fin, o para expiar cualquier culpa, Hacerlo por los alicientes y las reivindicaciones comunes.

Y para exteriorizar la rabia en contra de los atropellos que comete el actual gobierno. Los abusos perpetrados a nombre de una institucionalidad pervertida y secuestrada por sujetos sin escrúpulos.

Marchar para exteriorizar la rabia en contra de los atropellos que comete el actual gobierno en nombre de una institucionalidad pervertida y secuestrada por sujetos sin escrúpulos.

Cuando no morir a tiros es una gracia

Marchas por la vida, la paz y contra la muerte, que se justifican sólo por asustar tanto a un gobierno al que le importa tan poco la vida de los gobernados. Y nada la muerte ni las matanzas de etnias y poblaciones que considera prescindibles; más exactamente, estorbosas.

A pocas personas les atañe la suerte de unos seres humanos a los que la historia niega, la educación excluye, las leyes menosprecian y los medios de comunicación vuelven invisibles.

En especial, en un país preocupado por la subsistencia de cada día. Por crianza: cada cual a lo suyo. Por cultura: cada quien como pueda. Y por un egoísmo genérico.

Por esa merced, tal vez, que la mayoría de los colombianos al acostarnos le reconocemos a Dios, la suerte, el destino, o a lo que sea: la de no haber muerto de hambre o a tiros ese día.

El mundo es ancho y no tan ajeno

Lo que no se considera es que esos indígenas a los que nadie defiende porque no importan, porque están ¿a buen recaudo? en sus resguardos carcomidos, los están matando, justamente, por asumir causas que nos benefician a todos. Siendo rigurosos, empeños que le hacen más bien al resto de los colombianos que a ellos mismos.

Por ejemplo, la defensa del Macizo Colombiano, cuya relevancia es de las pocas cosas ciertas que aprendemos desde la escuela. La Estrella Fluvial de Colombia, que abastece al 70% de los acueductos del país. Y de la que depende buena parte de la energía que nos mueve. Ni más ni menos.

Los indígenas del Cauca luchan a muerte por el agua que nos bebemos quienes los miramos con ese estúpido aire de superioridad que otorga la pertenencia a las manadas citadinas, y tener la piel, quizás, ligeramente menos teñida, o sea, más débil.

Ellos luchan por territorios exentos de glifosato; desocupados de coca, azúcar, marihuana, mercurio, cianuro y arsénico. Se le plantan a las balas porque quieren regiones limpias. Sin tala de bosques para sembrar pino, palma africana y caña, ni destrucción de la tierra ni más saqueo. Territorios libres de balas, muertos y Sarmiento Angulo.

¡Vaya empeños tan insustanciales y ajenos aquellos de los que depende la perduración de nuestros hijos y nietos y país!

Referencia:

  • Presidencia de la República de Colombia. (2109). Declaración del Presidente Iván Duque al término de la sesión de trabajo sobre el Plan Social del departamento del Cauca. 4 de noviembre.

VER SERIE: Muerte a indígenas.

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