Por: dXmedio

Movilizaciones europeas cambiarán políticas antirrusas

Movilizaciones europeas contra los gobiernos son un mecanismo de presión frente a políticas nefastas para las poblaciones.

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Las movilizaciones europeas contra los gobiernos son un mecanismo de presión frente a políticas nefastas para las poblaciones.

Transcripción y ampliación de la entrevista realizada por Osvaldo Canales Acevedo, del canal internacional iraní HispanTV, a Juan Alberto Sánchez Marín, sobre las movilizaciones europeas y la situación general del continente, efectuada el pasado 18 de diciembre de 2022.

Movilizaciones europeas. dXmedio.

Medidas contraproducentes

OSVALDO CANALES: Ola de sanciones contra Rusia, pero, en paralelo y como respuesta, ola de protestas de ciudadanos europeos contra estas medidas por el efecto rebote que demuestran. ¿Por qué mantener un mecanismo de presión que afecta a los propios ciudadanos? Han subido los precios de la energía, y la inflación no da tregua en la zona euro.

JUAN ALBERTO SÁNCHEZ MARÍN: Es cierto, son una serie de medidas que tienen mucho de contradicción en algunas de sus facetas, y no tanto en otras. Realmente, aquí se mueven hilos complejos, no son las cosas en blanco y negro. 

Tampoco se trata de una sola élite ni es un solo tipo de política. Hay diferencias, incluso, desencuentros entre ciertos poderes. Pero sí existe una coincidencia negativa en muchas de las acciones que están tomando estos gobiernos. 

Doble juego

Hay que comprender que el fenómeno tiene raíces profundas, históricas; contextos distintos. A lo largo de los años, los gobiernos de Europa, sus organismos, la OTAN, la Unión Europea, con la anuencia e impulso de EE. UU., tomaron medidas agresivas y drásticas contra Rusia. Todo bajo un doble discurso.

Fueron errores sucesivos. Presionaron progresivamente a la Federación Rusa, la fueron cercando, acorralando. Y atrajeron a los países de la antigua URSS a su estructura bélica.

Y entre más arremetían contra Rusia más la acusaban de toda clase de cosas, de ser la mala del paseo. EE. UU. y Europa no les perdonaron a Rusia y a Irán la participación en Siria para combatir de verdad a los terroristas. No sólo de pantomima, como ellos lo venían haciendo.

EE. UU. y Europa no les perdonaron a Rusia y a Irán la participación en Siria para combatir de verdad a los terroristas. No sólo de pantomima, como ellos lo venían haciendo.

Le dan un golpe al Gobierno de Víktor Yanukóvich, que no era prorruso, ni mucho menos, pero tampoco tan prooccidental. Y lo primero que hizo Ucrania fue infringir el Protocolo de Minsk, un acuerdo conseguido entre Rusia y Ucrania para ponerle fin al conflicto en la región del Donbás. El Gobierno ucraniano faltó al tratado, violó el cese al fuego y desplazó armamento pesado a zonas restringidas. 

Pero la culpa se la endilgaron a la Federación Rusa. Por apoyar a una población que en su gran mayoría es rusa, y que ha sido agredida de manera grave por el Gobierno de Kiev y por grupos paramilitares neonazis. Y por negarse a aceptar el ingreso de Ucrania a la OTAN, o por prevenir el despliegue de misiles y de armas pesadas en sus fronteras.

Siempre se ha tratado de un juego doble, donde Europa maneja un discurso, una narrativa, contraria a los modos en que procede. Las sanciones actuales siguen idéntica línea. Se atenta contra Rusia y se sanciona al país del que depende, en considerable medida, no solamente el desarrollo, sino la supervivencia de sectores amplios de la población.

Adversidades convenientes

La población que a toda hora sale perdiendo, claro está. Aquella que permanece en la cuerda floja en cualquier parte y en todo momento, siempre en el límite entre vivir y perecer, o en pasar de un estado de relativa comodidad al de ser pobres o, incluso, miserables.

Y, a la vez, hay otros sectores que ganan. Los aventureros, los especuladores, los grupos financieros y corporativos vinculados a la guerra. 

Ese mecanismo de presión contra Rusia se mantiene, de una parte, porque le resulta conveniente a ciertos grupos peligrosos, a los que no les importa el cariz riesgoso que están tomando los acontecimientos ni a donde nos puedan conducir. Porque siempre esperan lograr réditos en los peores escenarios.

También, se pueden mantener la medidas por orgullo y soberbia, aun a sabiendas de que son negativos, y que pueden desencadenar situaciones graves y adversas para esos mismos gobiernos.

La doble moral no siempre triunfará en las contingencias globales de la política y las relaciones. 

Situaciones que se manifiestan, por ejemplo, en la toma de consciencia de las personas, en las movilizaciones, en esas poblaciones contra las cuerdas. Pero quedan válvulas de escape. La doble moral no siempre triunfará en las contingencias globales de la política y las relaciones. 

Y yo confío en estas manifestaciones y movilizaciones populares en Europa, entre otras razones, porque es el único camino en contra de las decisiones aventureras de estos gobiernos, obviamente, supeditados a Washington.

La farsa y el duelo

OC: Huelgas en el Reino Unido, Francia, Alemania y Bélgica. También, en Grecia y España… ¿Qué camino puede tomar esto y qué dejan ver las autoridades europeas?

JASM: El camino es que hay que barajar de nuevo la situación de poder en un mundo que ya no da más de sí. Cómo se va a llevar a cabo eso, es difícil establecerlo desde ahora. No es algo ni abrupto ni fácil, pero es necesario, indispensable. No hay otras salidas.

Las élites dejan ver la indolencia hacia sus propios pueblos. Vemos la infamia y los desmanes que están dispuestas a ejecutar con tal de mantener la farsa en la que se han montado. 

¿Porqué se han montado? Por avidez, codicia, malos cálculos, o porque el sistema mismo necesita de penetración, expansión, negocios muy grandes, acrecentamiento de los tráficos legales e ilegales de armas, y futuras reconstrucciones.

Máxime, cuando asistimos al duelo más feroz de los últimos tiempos entre polos opuestos de poder, donde la hegemonía imperial estadounidense y de sus segundones europeos ven difícil el porvenir. El camino, entonces, es pisotear a los de abajo y huir hacia adelante.

Si hubieran seguido las reglas de juego que ellos mismos implantaron, pues iban a terminar muy mal. Y van a terminar peor con el tipo de aventuras que asumen en el presente.

Movilizaciones europeas

Los trabajadores; los estudiantes, que son los hijos de esos trabajadores; las enfermeras; los médicos, las poblaciones vistas en los informes periodísticos, están en las calles de Londres lo mismo que en las de Bruselas, París, Berlín, y de toda Europa. 

Aunque los medios corporativos no lo mencionen, la gente está saliendo a las calles. Y sale porque el trabajo, que desde hace tiempo carece de mérito alguno, ahora también carece de valor. 

Las movilizaciones europeas se dan porque el trabajo, que desde hace tiempo carece de mérito alguno, ahora también carece de valor. 

No importan las horas de trabajo o la fuerza de trabajo, el coste de las mercancías producidas ni la plusvalía. El capital de los menos acapara más y más capital, no el trabajo de los más, que apenas logra un salario a la zaga de todo: de la canasta básica, de la inflación, de la supervivencia.

La capacidad de producir representa poco o nada. Los trabajadores, del ramo que sea, no valen un peso, como se dice. La fuerza del poder está en el capital, específicamente, en la especulación financiera, en los malabarismos bursátiles. 

Y estas medidas contra Rusia, hoy en petróleo, después quién sabe en qué o contra quién, y esa dubitación, hoy sí, mañana no, son parte de conjeturas buscando conveniencias. No para los pueblos, sino para los bolsillos de esos grandes poderes. 

Al fin y al cabo, si algo sale mal, la banca acudirá a salvar a las empresas quebradas, a las grandes corporaciones, a las familias endeudadas, pero también a esos trabajadores que no llegan a fin de mes.

Nuevo esclavismo

¿Cómo salvan a los hundidos? Otorgándoles un crédito, refinanciando deudas, es decir, garantizándoles a largo plazo, o de por vida, la esclavitud, una esclavitud bancaria. Los problemas estructurales del sistema se solucionan mediante artimañas monetarias. Así, con paños de agua tibia, los arreglan.

El resultado no es sino el retraso del desastre, porque tarde o temprano las sociedades, los pueblos, tendrán que estallar. De lo contrario, las más duras épocas del esclavismo habrán de ser juego de niños al lado de los tiempos que nos esperan. No solo se arruina el presente de miles de millones de personas, sino a las generaciones futuras, endeudadas desde la cuna.

La vida de miles de millones de seres humanos moldeada al antojo de unos pocos cientos de depredadores.

Ojalá que la reacción contra el imperio, contra las castas de élites descastadas, no sea demasiado tardía. La inflación, los trastornos, los desequilibrios, ellos los generan y acrecientan, y muchos son producto de la obediencia ciega de los gobiernos en su devoción a Washington.

Porque Europa es una región con organismos sometidos a la dirigencia de EE. UU. O porque son parte de los mismos círculos corporativos, sionistas, trasnacionales, sin patria.

Unas élites que actúan sin dios ni ley, acostumbradas a serlo y hacerlo todo: la economía, la justicia, la democracia. La vida de miles de millones de seres humanos moldeada al antojo de unos pocos cientos de depredadores.

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