Por: dXmedio

Mafia manda y mata en Colombia

Mafia manda y mata en Colombia, y tomó la institucionalidad, desde el Gobierno, hasta la Justicia. Por eso la protesta es tan solitaria y dura.

Mafia manda y mata en Colombia, y tomó todas las instituciones. Tal realidad volvió solitaria y aún más dura la protesta en un país con élites intolerantes. La situación de los ciudadanos en las calles, atacados implacablemente por las fuerzas policiales, es desesperada. Tampoco hay justicia que los ampare.

Comentarios del analista internacional Juan Alberto Sánchez Marín en entrevista con el canal internacional HispanTV. A continuación, la versión escrita del análisis.

Una aberrante impunidad

Colombia lleva siglos soportando una aberrante impunidad, y en vez de que se haya hecho algo para aminorarla, se hacen todos los esfuerzos para empeorar la situación.

Aquí las injusticias no son algo nuevo, ni son nuevas las masacres ni las violaciones de los derechos humanos. En Colombia no se trata de una cuestión ideológica, de una confrontación entre militantes de derecha o de izquierda.

Tampoco es un asunto  de lucha de clases, de la pugna atávica entre ricos y pobres, como ciertos elementos intentan hacerlo ver. O no se trata  solamente de eso.

El problema esencial es que estamos frente a una élite criminal en el poder. Una mafia organizada que siempre ha actuado a la sombra, al servicio de las oligarquías, y que lleva más de dos siglos mandando en Colombia.

Esa élite la conforman terratenientes, grandes ganaderos, agroindustrias, caciques y castas políticas, regionales y locales, y algunos advenedizos vinculados a la delincuencia.

Policía Nacional, instrumento de élites criminales

Hay que tener claro que siempre ha habido vínculos entre esa oligarquía nacional, centralista, y esos poderes regionales y locales. Eso no es nuevo. Tal afinidad ha desencadenado y sustentado muchas de las guerras que soportamos a lo largo de la historia. La guerra de los Mil Días, la Violencia, en fin.

Es una mancomunidad que también ha actuado de manera similar a lo largo del tiempo. Mediante asesinatos, masacres, desplazamientos. Lo ha hecho a través de sicarios, gatilleros, pájaros, mercenarios.Y, aquí está la sorpresa, de la Policía Nacional.

Así nació como institución, o se oficializó, la conformación se dio por ese curso. A raíz de la Ley 61 de 1888, conocida como “Ley de los Caballos”. Imagínese, estamos hablando de mucho más de un siglo.

Se hizo el montaje de unas hordas de bandoleros, los castro-chavistas de entonces, que estaban desjarretando caballos en unos municipios del Valle del Cauca. No recuerdo si Palmira o Pradera. Y el presidente golpista de entonces, Miguel Antonio Caro, expidió aquella Ley.

La dichosa Ley le permitía al Gobierno prevenir y reprimir, sin necesidad de juicio, los delitos y culpas que afectaran el orden público o el derecho de propiedad. La ley imponía toda clase de penas, incluidas, por supuesto, la prisión y la pérdida de los derechos políticos. Exactamente, lo que hace la ley reciente de Iván Duque.

Resulta que la Ley de los Caballos no se origina por los supuestos bandoleros. Era el bobo del pueblo el que desjarretaba los caballos. Ese es el origen de nuestra justicia.

Mafia manda y mata en Colombia

La mafia manda y mata en Colombia desde hace mucho tiempo. Desde luego, es distinto ahora. Hoy en día es más grave todavía. Porque hay vínculos muy profundos entre las élites regionales y del nivel nacional con las grandes estructuras del narcotráfico.

Esos círculos criminales no obran ya apenas para las oligarquías de Bogotá, del Cauca, de Santander. Están al frente del país, y, además, ahora son arte y parte de las mafias del narcotráfico.

Ya no sólo tienen Congreso, Senado y Cámara, o Gobierno, tienen todos y cada uno de los entes de control. Desde la Fiscalía, la Procuraduría, la Contraloría, hasta la Defensoría  del Pueblo, que es defensora, pero de los asesinos.

Entonces, claro que no habrá justicia ni por asomo mientras dure este Gobierno. Sólo la habrá cuando estos delincuentes abandonen el poder, y no lo harán por la buenas. Eso es lo triste.

Hay que cuidar mucho las próximas elecciones. La comunidad internacional es fundamental en este aspecto, porque por sí solos, de buena voluntad, no van a dejar el poder.

La protesta sin fin

La población está en las calles y está decidida a quedarse en ellas. Los jóvenes han hecho una tarea muy encomiable. También, expresan su hastío, y se niegan a quedarse callados. Están dispuestos a permanecer luchando más allá de que los maten.

La sociedad colombiana está acorralada. La pandemia hizo lo suyo, pero la crisis venía desde antes. Los dos últimos años previos a la pandemia eran de una crisis generalizada de violencia. No sólo en los temas económicos, que ni para qué hablar, sino en cuanto a la profundización de la violencia.

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