Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Entramados y tramposos en Colombia – 4

Entramados y tramposos en Colombia transferidos de una generación a otra sin diferencias. Embaucadores notables que son gente de bien.

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Entramados y tramposos en Colombia creados y mantenidos a través de principios (que son fines), valores (valoraciones), leyes (limitaciones), medios (mendaces), y las variadas violencias que son los sumun de lo anterior.

Volver la vista al pasado es chocar de frente con el porvenir que nos espera. Si los colombianos no reaccionamos, la función habrá de continuar en su condición de insufrible tragicomedia.

Claro, todo acaba. Para unos, primero; a la final, para todos. He ahí la esperanza. Pero a las esperanzas, como a las evocaciones, hay que ayudarlas.

Si bien los Kjarkas bolivianos le dan «tiempo al tiempo» a ver qué sucede, creo que no es la ocasión de darle más años al tiempo implantado. Ni meses ni horas. A ese tiempo abominable ya le dimos, cuando menos, dos siglos enteros.

De no modificar el rumbo, al paso que va el país, desde la perspectiva optimista, llegaremos pronto al precipicio. Desde la pesimista, nos derrumbaremos todavía más en él, en sus honduras sombrías.

Con la clase de criminales al frente, día tras día, nuevos estratos, sectores, regiones, grupos, familias, pobladores, son triturados por el mecanismo implacable de la corrupción y el saqueo.

Momento de cambiarlos y cambiar

Cuando se lleva a cabo un proceso de paz sin tocar la estructura económica, el proceso es amañado; la paz, a medias. Todo, un fiasco. Pero negarle al país siquiera esa diminuta gracia ha sido una canallada superior.

Y negarle la renta básica a una población encerrada a la fuerza y en la encrucijada, como hizo el Gobierno de Iván Duque en Colombia durante la pandemia de la COVID-19, fue conducirla al hambre, la desesperación y la muerte.

Lo primero, seguramente, resulta digno de un tahúr de póker. Lo segundo, sin duda, es perverso. Y ambas son meras maniobras.

Entramados y tramposos en Colombia, un país donde lo que queda claro es que le urge deshacerse de los enemigos internos que lo desgobiernan.

No con armas, que justifican la violencia y represión de las élites; no con piedras, porque ellas, a través de las fuerzas del orden (léase desorden), responden a tiros. Mediante los votos, que siguen las reglas de juego de su propia farsa: la democracia.

La democracia: esa forma de organización social que en Colombia es una desorganización nada sociable. O, si se prefiere, un ordenamiento al servicio de antisociales.

Con ideas, que más temprano que tarde anulan toda fuerza bruta. Y despojan a los criminales de las armas letales y no letales, y de sus cuerpos armados, legales e ilegales, con los que masacran por igual a la población.

Con acusaciones, exposición, denuncias públicas, que exhiban las calañas de los líderes que se pasean orondos e impunes por campos y ciudades.

Héroes fraudulentos que levantan los pedestales a partir del ocultamiento de sus auténticos fueros internos, y sobre las necesidades e ignorancia plantadas en la población, por lo general, con sus propias manos sucias

Y mediante la recuperación de los diferentes poderes tomados: el ejecutivo, el legislativo, el judicial, los órganos de control: la institucionalidad plena.

Entramados y tramposos en Colombia

El 20 de julio de 1810, cuando se ideó la excusa del préstamo del florero (o del ramillete), no estaba previsto ningún agasajo para nadie. Una fugaz noticia falsa dentro del montaje principal.

Tampoco, al menos no en ese trance, iban a meter preso al pueblo, como advertía en la esquina, con ánimo provocador, José Acevedo y Gómez. Solo, acaso, al quiteño Villavicencio, y a los dos o tres fulanos recién llegados que lo acompañaban.

La única efervescencia y calor del pueblo se despertó al enterarse de que el propio virrey a derrocar presidiría la junta que iba a derrocarlo. Y es que así, ante semejante burla, cualquiera se agita.

Máxime, con el energúmeno joven José María Carbonell soliviantando parroquianos. De puerta en puerta, para ser precisos, y a medianoche.

[bs-quote quote=»Los criollos marrulleros se aprovechaban de la gente del común (mulatos, mestizos), y de las circunstancias, no para independizarse, sino para conformar una junta con sillas en las cuales acomodarse.» style=»style-8″ align=»left» color=»» author_name=»» author_job=»» author_avatar=»» author_link=»»][/bs-quote]

Los criollos marrulleros se aprovechaban de la gente del común (mulatos, mestizos), y de las circunstancias, no para independizarse, sino para conformar una junta con sillas en las cuales acomodarse.

Criollos descendientes de encomenderos, a fin de cuentas, en momentos menos remotos de entonces que aquella época independentista de la nuestra.

Los encomenderos, recordémoslo, eran la anterior Santísima Trinidad: administradores, concejales y jueces. A la vez y sin discusión. Un ideal criollo. ¡Vaya coincidencia con el presente! (¿Coincidencia?).

En tal andamiaje los cabildos no eran más que corporaciones de bolsillo para mangonear indios y adueñarse de tierras. ¡Qué señal de identidad! ¡Vaya institucionalidad tan propicia!

Ayer y ahora, busque con minuciosidad las diferencias. En la Conquista, la Colonia, la Patria Boba, la amañada República y sus luchas entre federalistas y centralistas, u hoy en día. No las hallará.

Un paréntesis: España aún no necesita de sabios

El propio desarrollo de los acontecimientos de los días siguientes, entre el 20 y el 26 de julio, le dieron un giro a la conspiración. Después lo veremos con más detalles.

Mejor dicho, la realidad alteró las tramas urdidas en el Observatorio Astronómico de Santafé, a cargo de Francisco José de Caldas, el Sabio, que en este asunto, como en varios otros, no resultó tan sapiente.

¡España no necesita de sabios!, dicen que exclamó Morillo, el temible teniente general del ejército español, conde de Cartagena y marqués de la Puerta, unos años después, mientras ordenaba el fusilamiento de Caldas.

A decir verdad, a estas alturas, ciertas autoridades y muchos españoles aún creen que ese país no los necesita (a los sabios). Por lo menos, no para que dirijan sus destinos.

José María Aznar, que gobernó a España durante ocho años, entre 1996 y 2004, es un testimonio caricaturesco del planteamiento. O, más acá, Isabel Natividad Díaz Ayuso, la flamante Presidenta de la Comunidad de Madrid, ofrece otra prueba sonriente y fehaciente.

Si los ladros perran y los gorjeos pájaran, ¿por qué no han de burrar los rebuznos Aznar?


Ayuso azuza. Aznar de asnerizo. Si los ladros perran y los gorjeos pájaran, ¿por qué no han de burrar los rebuznos de José María? Bien lo escribió José Manuel Marroquín, «el Señor de Yerbabuena», en su célebre jitanjáfora de hace más de un siglo.

Otro paréntesis: el Marroquín de marras

Marroquín, a propósito, otro caballista (como Uribe) y otro elitista criollo de marca mayor (como todos ellos), al que el país, a cambio de algunos buenos versos, le debe miles de desgracias. Incluida, entre esas tantas, la separación de Panamá.

Bueno, quede claro, tampoco tan magna manufactura es mera marroquinería. De José Manuel, el conspicuo presidente, y de Lorencito, su hijo, el vendepatrias que le prestó el caldero al diablo (José Domingo de Obaldía). Algo no insignificante aportó el resto de la dirigencia nacional.

Los agrupamientos de traidores que eran los rudimentarios partidos Liberal y Conservador (que un siglo después pasarían del embrión a la extinción). Los ochenta años de pleitos y desvaríos republicanos.

Y, ante todo y todos, contribuyeron Teodoro Roosevelt, la Panamá Railroad, los tratados Mallarino-Bidlak y Herrán-Hay, los especuladores de Wall Street, y, por supuesto, el cólera. Hilando un poco más fino, y más atrás (1856), un trozo de sandía que le costó a Colombia casi medio millón de dólares de entonces.

¡Oh, Caldas! Fusilado en la plazuela santafereña de San Francisco al tiempo que en el otro extremo de la misma los acólitos mezclaban prestos la argamasa para erigir su estatua. Siete disparos por la espalda recibió del pelotón de fusilamiento, pero solo el tiro de gracia adicional lo mató.

Y este era el Sabio…

¡Ay, Caldas! Que los burócratas devastados por Panamá e ineptos por naturaleza volvieron, un siglo después (1905), un departamento. De Francisco José, «Don Francisco Joseph», como firmaba en su Semanario, el país ha ensalzado por dos siglos al muerto más que la inventiva que lo distinguió.

Don Francisco Joseph de Caldas. dXmedio.
Don Francisco Joseph de Caldas. dXmedio.

Su valentía fue ser hombre de ciencia, ingeniero militar, periodista, y, en particular, geógrafo, naturalista, botánico y astrónomo en una tierra donde el destino planteado para alguien como él, neogranadino y para colmo payanés, era haber sido leguleyo o clérigo.

Por lo demás, y al igual que los demás, excluyente, racista consumado. Y defensor de la esclavitud, incluso, con apuntalamientos pseudocientíficos. Basta ojear El influxo del clima sobre los seres organizados. En este ensayo, Caldas

 …fortalecía las tesis esclavistas al considerar como verdad científica que los europeos y los criollos descendientes directos de españoles conformaban por derecho propio la nobleza del nuevo mundo, en cuanto la civilización solo podía ser producto y realización de los blancos que domeñaban la fiereza de las castas inferiores, negros e indios. (Castaño Zuluaga, 1011).

De muestra, un botón. Para Caldas, el ángulo facial (ángulo de Camper) rige casi todas las cualidades morales e intelectuales. “Una frente angosta y comprimida hacia atrás, un celebro pequeño, un cráneo estrecho, y un ángulo facial agudo son los indicios más seguros de la pequeñez de las ideas y de la limitación” (Caldas, 1808: 12).

“El Europeo tiene 85 gr. y el Africano 70 gr. ¡Qué diferencia entre estas dos razas del género humano! Las artes, las ciencias, la humanidad, el imperio de la tierra es el patrimonio de la primera; la estolidez, la barbarie, y la ignorancia son las dotes de la segunda” (Caldas, 1808: 13).

Joseph, claro está, se consideraba europeo, y lo era en el reducido grado en que un español puede serlo (entonces y ahora), además de la razón del accidente geográfico.

La mala lengua de los historiadores nacionalistas dicen que Caldas tenía linaje noble. Y quizás sea cierto en la medida en que era descendiente de Sebastián de Belalcázar, un aventurero analfabeta y codicioso de sangre andaluza, según su propia oriundez fabulada.

El conquistador encomendero, en algún momento nombrado adelantado, gobernador, capitán general y propietario vitalicio de Popayán.

Y de Pedro de Velasco, otro conquistador y, cómo no, también encomendero. Pacificador y terror de los indígenas (pijaos, paeces y yanaconas).

Colombia es un país que carga los próceres muertos a cuestas, en pesadas estatuas, en solitarias plazas. Se apropia de lo peor de ellos, lo referencia y reverencia, pero sepulta hondo lo vital, poco o mucho, que hayan tenido sucesos y hombres. Por enésima vez, nada nuevo.

Con los de aquí basta y sobra

En Latinoamérica, incluida Colombia, nos rasgamos las vestiduras porque la extrema derecha española exalta las bondades del legado y las acciones depredadoras de sus conquistadores en el Nuevo Mundo.

Lo hacemos porque de veras no sabemos quienes somos nosotros mismos. Bueno, nosotros no tanto, esa es otra discusión, sino quiénes han sido nuestros baluartes históricos.

Los egregios líderes y pensadores que, desde la “Independencia”, sientan las bases ideológicas, políticas y constitucionales de la patria falaz que habitamos.

La siguiente cita no corresponde a Isabel Natividad ni a José María, sino al conspicuo Miguel Antonio Caro, por cierto, contemporáneo de Marroquín.

El redactor, ni más ni menos, que de la Constitución de 1886. Carta fundamental que soportamos un siglo, y que, en lo objetivo, impera aún en Colombia. Más de lo que se piensa y más, desde luego, que la de 1991, tan vigente en el papel:

El catolicismo es  […] elemento histórico de la nacionalidad… La Religión católica fue la que trajo la civilización a nuestro suelo, educó a la raza criolla, y acompañó a nuestro pueblo como maestra y amiga en todos tiempos, en próspera y adversa fortuna.

(Relación de los debates sobre el proyecto que precede en el Consejo Nacional Constituyente, 1886: 158).

¡Vaya educadora y amiga nos mandamos! Por lo visto, ni los unos (los fachas gachupines de ahora) ni el otro (el hispánico acriollado de ayer) ojearon las denuncias de los frailes dominicos. Tan anteriores, como acalladas.

De Antonio de Montesinos, en el Sermón de Adviento (1511), a Bartolomé de Las Casas, en la Brevísima relación de la destrucción de las Indias (1552). O de fray Pedro de Córdoba.

Denuncias, descripciones, testimonios, que, si tuviéramos medios de comunicación éticos, tendrían perfecto uso y vigencia. Y que, si tuviéramos algo de justicia, no serían pan de cada día.

Por las buenas o por las malas

Los egregios fundadores de la patria actual se quedaron con las versiones sobornadas de los franciscanos que intercedieron ante el rey en favor de los compatriotas contratantes, o sea, de los invasores.

No muy coherentes con la vida y prédica del fundador de la orden, San Francisco de Asís, pero contratistas obsequiosos.

La visión de ciertos deslucidos próceres y juristas (constitucionalistas por avidez) es la del teólogo Juan Ginés de Sepúlveda, aplicada en Colombia y en buena parte de la América española.

Una política que era el cálculo elemental de guerra contra los indios, basada en el derecho de los “civilizados” para someter a los seres inferiores. La misma que hoy en día aplica Duque, solo que con más hipocresía.

Una política que era el cálculo elemental de guerra contra los indios, basada en el derecho de los “civilizados” para someter a los seres inferiores. La misma que hoy en día aplica Duque, solo que con más hipocresía.

Unas líneas del Democrates alter (c. 1545), de Ginés, citadas por Enrique Dussel en Historia general de la iglesia en América Latina, aclaran la idea del sacerdote: “…no hay ningún otro camino seguro para la predicación del evangelio que el conquistar por la fuerza de las armas aquellas regiones”.

Una noción de autoridad sobre el otro que coincide con frases no tan al vuelo sueltas por politiqueras y politiqueros paracos de hoy en día en Colombia: “El Ejército es una fuerza letal de combate que entra a matar”. Bala es lo que hay.

Así lo hace: algunos batallones y uniformados, y aliados paramilitares, matan a indígenas, afros y campesinos en los campos.

Y fuerzas policiales, como el ESMAD, asesinan con desfachatez a jóvenes, estudiantes, trabajadores e inconformes, en pueblos y ciudades. En general, persiguen a todo aquel que no se deje adoctrinar “por las buenas”.

En cualquier época y lugar, se trata de la misma lógica de los discursos de dominación.

Y los indígenas, peor que en 1512

Retornemos ahora a los tiempos oscuros de los que devienen nuestros opacos criollos, los que a su vez le dieron curso a la descendencia oscurantista del siglo XIX, o sea, a la ascendencia lóbrega de los fascistas del XX y de los poco preclaros criminales en el poder del presente .

Algunas Constituciones del siglo XIX en la actual Colombia. dXmedio.
Algunas Constituciones del siglo XIX en la actual Colombia. dXmedio.

Las leyes de Burgos de 1512, proclamadas por Fernando II de Aragón, sin más señas, el Católico, nuestros prohombres hubieron de juzgarlas radicales e izquierdosas. Unas leyes más formales que efectivas; más de fachada, y a lo mejor con alguna pizca de buenas intenciones, que concretas.

Leyes que crearon el requerimiento (un ultimátum de conversión y sometimiento para los nativos) y la susodicha encomienda (los indígenas son libres, aunque vasallos y trabajadores al servicio de la Corona). Tibia creación para alcanzar alguna mejora elemental en el estatus de los indígenas.

Ambas instituciones, obviamente, degeneraron en lo que cualquier vivo (invasor, encomendero, acaparador o uribista) las degenera. Los requerimientos eran leídos, claro que sí, pero a kilómetros de la aldea que de inmediato sería arrasada.

La escogencia se volvió cuento. No hay noticia de que indio alguno haya alcanzado a oír la cristianizadora opción, también, de papel. Las tribus se percataban de la visita a punta de degollinas y fuete.

Las encomiendas terminaron convertidas en estructuras de esclavitud colectiva. Los encomenderos vueltos los sublimes malvados que los criollos iban luego a añorar.

Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro y la cúpula de la Regeneración echaron para atrás todo asomo de progresismo de la Constitución de 1863. Con ello, desconocieron hasta los mínimos avances de aquellas antiguas leyes de Burgos.

Y los adelantos de las de Valladolid (1513), y, con mayor razón, los de las Leyes Nuevas (1542), que buscaban una mejora en las deplorables condiciones de vida de los indígenas.

Encomiendas; pueblos de indios, repúblicas de indios (en ocasiones sin indios, porque los habían exterminado, como lo avisó el obispo de Santiago, y que era una circunstancia corriente en muchas partes); reducciones; resguardos, en fin. Apenas guetos de explotación, racismo y exclusión.

El estado ideal de las mafias criollas en el poder (en el curubito, para usar un término santafereño, es decir, bogotano) para los indígenas. En la época de la Conquista, la Colonia, la republiqueta y el narco-Estado del presente. 

Bibliografía

Arias Vanegas, Julio. (2007). Seres, cuerpos y espíritus del clima,¿pensamiento racial en la obra de Francisco José de Caldas? Revista de Estudios Sociales No. 27. Bogotá. En: https://revistas.uniandes.edu.co/doi/pdf/10.7440/res27.2007.01

Caldas, Don Francisco Joseph. (1808). El influxo del clima sobre los seres organizados. Semanario. Mayo 10. Santafe. En: https://babel.banrepcultural.org/digital/collection/p17054coll10/id/3989

Castaño Zuluaga, Luis Ociel. (2011). Modernidad ius-política y esclavitud en Colombia: el proceso de abrogación de una institución jurídica. Revista de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas. Univ. Pontif. Bolivar.: Medellín. En: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-38862011000100006#num2

Pohl Valero, Stefan. (2009). ¡Soy Caldas! Fundación Gilberto Alzate Avendaño: Bogotá. En: https://idartesencasa.gov.co/sites/default/files/libros_pdf/65.%20Soy%20Caldas.pdf

Sepúlveda, Juan Ginés de. (1545). Democrates Alter. XXI, 336. Boletín de la Real Academia de la Historia: Madrid. En: http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmccv4w0

Trece textos de historia de colombia violenta y vigente

Vea aquí el conjunto de los textos

Contenido:

Los discursos veintejulieros de Duque – 1
Las libertades a buen recaudo en Colombia – 2
Colombia tuvo una Independencia de florero – 3
Entramados y tramposos en Colombia – 4
En Colombia nadie se liberó de nada – 5
Vivan las cadenas y viva la opresión – 6
La batallita de Boyacá en Colombia – 7
El enemigo también éramos nosotros…, ¡y aún lo somos! – 8
Un crimen del Hombre de las Leyes – 9
Colombia es un país adulterado por Constitución – 10
Del Cabrero al Ubérrimo: infértiles y cabrones – 11
Los guaches ponen el pecho y las élites la patria – 12
La infamia de los héroes colombianos – 13

Entramados y tramposos en Colombia. dXmedio.
Autor
Juan Alberto Sánchez Marín
Periodista y analista colombiano. Dir. cine /TV. Consultor ONU. Catedrático universitario. Telesur, RT, Señal Colombia, HispanTV. Dir: dXmedio.

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