Por: dXmedio

En Colombia no hay ni habrá diálogo

En Colombia no hay ni habrá diálogo por codicia de élites. Entrevista a Juan Alberto Sánchez Marín. Canal boliviano Abya Yala TV.

En Colombia no hay ni habrá diálogo de paz, y la oferta de Iván Duque en tal sentido es una trampa para ganar tiempo, con la esperanza de desgastar la intensa y creciente ola social en contra de su Gobierno.

El mecanismo para hacerlo, para debilitar las multitudinarias protestas, es evidente: represión policial y militar generalizada. Y la utilización de estructuras paramilitares urbanas, que asesinan líderes y jóvenes, y producen miedo.

El terror, que las élites agrarias sembraron durante el final del siglo anterior y en las primeras dos décadas del actual en los campos del país, se traslada ahora, en la tercera década del XXI, a las grandes ciudades y pueblos, con idénticas tácticas y similares propósitos.

La ambición de poder de las élites de terratenientes, grandes ganaderos, multinacionales del agro y agroindustrias las llevó a sembrar el terror en los campos colombianos.

El miedo a perder el poder y las fortunas obtenidas a sangre y fuego las lleva ahora a sembrar de espanto las ciudades. Es la realidad triste de más de un mes de paro nacional, y, también, la razón por la cual en Colombia no hay ni habrá diálogos de paz ciertos con el Gobierno de Duque.

Barbarie estatal

La Alta Comisionada para los derechos humanos de la ONU, Michelle Bachelet, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Amnistía Internacional, Human Right Watch, varios organismos internacionales vuelven la mirada sobre Colombia.

Algunos están emitiendo comunicados de condena, y le exigen al Gobierno colombiano claridad con respecto a la violación de los derechos humanos en Colombia.

Durante el primer fin de semana de junio, sólo en Cali, hubo catorce muertos, en realidad, jóvenes y niños. Detenciones ilegales por parte de la Policía, y retenciones en centros ilegales de más de cuatrocientas personas. Ha sido una barbarie absoluta por parte del Estado colombiano.

En Colombia no hay ni habrá diálogo

Con respecto a los diálogos de paz, yo lo he dicho desde el comienzo de esta situación. Con este señor en la presidencia (Iván Duque), y con todo el poder que él representa, no hay ninguna opción de diálogo. Ni la menor posibilidad de que se lleve a cabo una negociación o unas conversaciones con respecto a la solución de los problemas fundamentales que existen.

Realmente hay una falta de disposición a conversar siquiera. Se trata de dilatar, tal vez con la esperanza de que el tiempo solucione lo que la voluntad política y lo que la acción gubernamental son incapaces de hacer.

Es muy compleja la situación con este señor en el Gobierno. El partido Centro Democrático rechazó mediante un comunicado en los días anteriores cualquier negociación con el comité del paro. Hablan de que no se puede negociar con bloqueos y con violencia, que eso es continuar con la destrucción de la democracia.

Como si la destrucción de la democracia no la hubieran llevado a cabo ellos mismos durante los últimos dos años. De manera, además, frontal, salvaje, sin disimulos.

El títere y el titiritero

El Centro Democrático, es decir, el señor Álvaro Uribe y su banda pidieron un despliegue total de fuerza militar y de policía. De militarización de todo el territorio nacional. Y eso es lo que está efectuando este señor, el presidente.

Iván Duque desempeña su papel de títere y ejecuta las acciones que deciden tras bambalinas Álvaro Uribe, el titiritero, y su círculo. No me gusta recurrir a cierto tipo de calificativos, pero es que no tiene otra denominación que la de pandilla.

Tenemos una serie de delincuentes instaurados en el poder, mandando en todos los niveles y sin ningún tipo de control. Tienen la institucionalidad tomada en toda su dimensión. Los organismos de control, la Fiscalía, la Procuraduría, la Contraloría, la mal llamada Defensoría del Pueblo, están tomadas por la banda que está en el poder.

La gracia del segundón es una desgracia

Durante algún tiempo me llamó la atención que algunos analistas, ciertos conocidos, incluso, pensaran que Duque era la opción preferible dentro de las filas del uribismo. Porque era una persona lista, capaz, y, además, equilibrada, tolerante, hasta transigente.

Siempre creí todo lo contrario. Desafortunadamente, esa percepción no era producto sólo de un pesimismo hondo. Por desgracia, el tiempo me ha dado la razón.

Dudé de la inteligencia y capacidad de alguien que tuviera la dedicación suficiente como para cargarle el maletín durante ocho años a Álvaro Uribe. Cuatro años de burócrata internacional y otros cuatro como senador.

Dudé del equilibrio y la sensatez de alguien capaz de tal sumisión. En las circunstancias actuales vemos, de la forma más descarnada, los resultados. La gracia de elegir un segundón de presidente no pudo acarrear sino una gran desgracia.

¿Y quién carea al bobo?

Una frase popular, con cierta ligera adecuación, expresa con acierto lo que vivimos en Colombia. Y es que “un bobo careado puede matar a su pueblo”. Eso es Duque, es lo que hace, y eso le está costando a Colombia tanta sangre en las calles.

¿Y quién carea al bobo? Miren el Twitter. Lean los trinos de Álvaro Uribe. Así entenderán los decretos de Duque, un rato después. La ineptitud de Duque como presidente alcanza niveles delirantes.

En los tiempos recientes, ni siquiera la presidencia de Andrés Pastrana, otro delfín incompetente, un Gobierno en el que uno creía que de ahí para abajo no habría nada, pues aparece Duque. Este muestra que era posible caer más bajo, y ser todavía más inepto y torpe.

Durante los primero dos años de mandato, Duque le endilgó yerros y carencias al Gobierno anterior, de Juan Manuel Santos. De cualquier asunto adverso, Santos tuvo la culpa. En el tercer año, cómo no, toda la responsabilidad de la ineficiencia de Duque fue a dar a la COVID-19. Hasta del pésimo manejo de la pandemia, tuvo la culpa la pandemia misma, no Duque ni su recua de necios.

Ahora, de las desgracias que nos esperan, que le esperan al pueblo colombiano, es responsable el propio pueblo que protesta. Tienen la culpa esos ciudadanos que marchan contra él, que bloquean unas calles porque el Gobierno les bloqueó la posibilidad de vivir con dignidad. Les ha fregado hasta la opción de vivir muertos de hambre. O de sobrevivir aunque fuera más muertos que vivos.

Habla en inglés mientras mata jóvenes

Yo veo muy difícil el panorama. No creo en los diálogos, y no creo que a Duque le importe lo que una comisión o la comunidad internacional vayan a decir de él. Hay campañas por fuera. Le está hablando en inglés a los estadounidenses.

Mandó a la inepta nueva canciller a Estados Unidos a tratar de solucionar los problemas. Pero en realidad las órdenes son un ataque frontal contra la propia población. Y eso es lo que estamos, precisa y desgraciadamente, viviendo.

Indefendibles ministros de Defensa

Es difícil hablar de los ministros de Defensa Botero y Molano porque han sido una desgracia para el país.

Botero renuncia por una masacre contra unos niños. Primero dispara y después pregunta quienes estaban allí. Sabían de antemano y con claridad que había niños.

Este señor Molano, que acaba de nombrar Duque, un inexperto total. Igual de peligroso que alguien inepto es el que no tiene la menor idea de la responsabilidad en frente.

Porque para mostrar poder, demostrar ascendencia sobre una fuerza tan compleja y complicada como la militar, le sigue la corriente a los guerreros. Asume posiciones de fuerza y de sangre contra los sectores más débiles, que son la población.

No cumple su función social, la defensa de la sociedad, sino que, por el contrario, se dedica a su agresión. A asesinarla, que es lo peor. Porque estos personajes son completos asesinos.

El uno sale por eso, sale por asesino. Sale cuando recibe la orden de renunciar de su jefe Uribe. Dijo que no renunciaría, pero en la puerta recibió la llamada con la orden de que renunciara, y renunció.

A este otro personaje siniestro que está ahora al frente del ministerio de Defensa, se le promueve una moción de censura. Obviamente, no prospera porque Duque reparte mermelada a diestra y siniestra.

Acá se le llama mermelada a esa corruptela de entrega de puestos, fondos, recursos, compromisos con los senadores.

El sector legislativo en Colombia está podrido absolutamente. Igual que lo hablaba ahora de los órganos de control, el Congreso es patético. No hay un Congreso que represente a la población.

Las mayorías de unos pocos

Aquí hablas de mayorías, y las mayorías son tan relativas como lo que citaba Eduardo Galeano del plato de espaguetis. Que desde la perspectiva de una lombriz el plato de espaguetis puede parecer una orgía. Quienes tienen diez, veinte, treinta personas son las mayorías de este país.

Pequeños círculos de poder con todas las posibilidades para manipular a una sociedad a través de los medios, la educación y de todos los mecanismos posibles. Quienes tienen la sartén por el mango, además, con la presión de ser los dueños de la tierra, o de las amenazas de los grupos paramilitares, en las zonas rurales, y también en las ciudades.

Sectores tan poderosos, que tienen tal control, son las grandes mayorías. Cuando no llegan ni al uno por ciento, porque este es el país de las enormes desigualdades.

La esperanza es la consciencia

En relación con el tema de la presencia gubernamental y la sociedad, creo que atravesamos una situación compleja. No soy optimista. No puede uno serlo en este país.

Ahora bien, de otra parte, en cuanto a las mayorías de verdad, en lo que tiene que ver con el grueso de la población, sí es un aliciente ver que cada vez hay más consciencia sobre lo que sucede, sobre lo que pasa en el trasfondo.

Creo que ahí está la esperanza. No en la posibilidad de que este Gobierno o las élites lleguen a un acuerdo.

La pandemia es Duque

La pandemia no se puede negar. Pero es superior la amenaza de morirse de hambre encerrados en la casa que la pandemia misma. El manejo que le ha dado Duque ha sido patético, triste.

Porque no solamente es el mal manejo. Es que eso representa muertos. Más de trescientos mil, y la cifra crece día a día. Nunca hubo un plan nacional de vacunación. Se accedió tarde a la compra de vacunas.

Una economía que venía golpeada, no de ahora, desde la pandemia. El deplorable manejo económico ya traía las cuentas de capa caída. Las finanzas eran críticas desde mucho antes. La pandemia fue una cereza encima del pastel.

Un país miserable

La crisis es profunda, sobre todo, en las capas bajas y medias de la población. Este es un país miserable, un país que se muere de hambre.

La situación de encierro, de cuarentena, decretada en las primeras semanas, que fue absoluta, y la negación de una renta fundamental siquiera, agravaron la situación.

Aquí las exenciones tributarias son para las grandes compañías, grandes capitales y dividendos. Esas exenciones cuestan sangre, muerte, hambre, y cuestan el caos actual.

La negación de una pequeña renta ha ocasionado que la población se esté muriendo de hambre. No es mentira. La crisis es estructural, las familias no tienen, textualmente, qué comer.

Por eso la disposición a que no sólo la mate la COVID-19, el mal menor frente a las balas, frente a los asesinos que actúan tanto del lado policial o militar, como del lado de los paramilitares urbanos.

Es más peligroso el Gobierno que tenemos al frente del país, mucho más mortal y criminal que la propia pandemia. Sopesando eso, entonces, es que la sociedad está en las calles.

El indigno no renuncia

Hay personas muy dignas dentro de la Policía y las Fuerzas Militares. No depende tampoco del rango. Hay soldados con mucha entereza, pero también hay coroneles y generales. Lo sé de primera mano.

Pero, también, existe una institución muy “depurada”. Esa “depuración” ha sido una especie de alinderamiento ideológico en relación con lo que se vive en el país y con la manera en que se ven y asumen las cosas.

Hay personas que tienen la dignidad necesaria para renunciar. Duque sería el primero que debería renunciar en estos momento. Pero ese señor carece de dignidad.

Lo decía al comienzo. Alguien acostumbrado a portarle, a arrastrar el maletín de un individuo como Álvaro Uribe no puede tener el menor asomo de entereza o de honestidad. Entonces, eso no lo va a hacer.

Cúpula delincuencial manda en Colombia

Hay una cúpula militar que tiene tomado el poder, que está al frente, y es la que da las directrices. Más allá de esa cúpula, se da un direccionamiento a la institución, donde ya el problema ni siquiera son diez, veinte, treinta “casos aislados”, sino una vaina de concepción de la propia institucionalidad.

Estas instituciones tienen que ser reformadas desde la base misma, reestructuradas y cambiadas. Y los funcionarios tienen que recibir capacitación, pedagogía, una mirada distinta frente a su papel, frente a sus actuaciones ante la sociedad. No están para agredir ni matarla. Están para protegerla.

No para proteger a quienes están armados, a la “gente de bien” compuesta por criminales, que es la cúpula delincuencial que manda en Colombia.

A los asesinos les cuelgan medallas

Mientras tales sean las directrices, mientras la ideología sea mirar la sociedad como un enemigo, no habrá salida.

A mayores desgracias apunta la visión de la revolución molecular disipada, esa estupidez mal procesada por un chileno fascista. Un tipo incapaz, además, un segundón, con una gran indigestión mental.

Y más grave aún que alguien tan sagaz de capo y mafioso, pero tan ignorante en lo intelectual y en formación, como Álvaro Uribe, venga y se indigeste con eso. Y que suceda frente a la cantidad de adeptos que siguen a pie juntillas lo que ordena y lo que piensa

Frente a esa situación tan grave, pues hay asomos de dignidad. Policías y militares dignos, que se han negado a acatar las órdenes infames.

Ellos son una esperanza para que este país se transforme. Esos elementos ahora vilipendiados son los verdaderos héroes. No los que les cuelgan medallas por asesinar a su pueblo, como suele hacerse en este país.

En Colombia no hay ni habrá diálogo, pero sí su simulación

En Colombia no hay ni habrá diálogo porque a Iván Duque ni a los intereses que representa les conviene, ni por intereses de sus representados ni electoralmente para su partido, la solución de la crisis.

Aquí no va a haber diálogo, pero se va a mantener un simulacro de acercamiento. Llamados del Gobierno al comité nacional del paro a sentarse a una mesa que no existe para hablar con unos funcionarios que no están. Empezando por el propio Duque.

O que si asisten son convidados de piedra y carentes de representación. Sin poder real para hacer acuerdos o tomar decisiones. Y que en el caso de llegar a comprometerse en algo serán desautorizados de inmediato, por Duque o por Uribe, como acaba de pasar.

No habrá diálogos de paz reales, pero sí una simulación aguantada para ganar tiempo. Para ofrecerle a los medios, a los organismos internacionales, a los críticos externos, la imagen de que aquí hay un Gobierno que conversa. Y una contraparte, un paro nacional, que no lo hace, que no dialoga.

Esa es parte de la equivocación del Gobierno desde que empezó el paro nacional, pensar que todo es cuestión de ganar tiempo. Creer que la situación actual la solucionará el tiempo, que este es el remedio, y no atacar los problemas de raíz que existen.

Gracias, Edison Restrepo, por estas ventanas y estos espacios para ofrecer, al menos, una visión que contraste con la unidireccionalidad informativa que vive Colombia. Y con la tergiversación de los hechos, ese ocultamiento de las masacres, que ya no sólo se cometen en los campos, sino en los pueblos y las ciudades principales.

Ver también

Élite colombiana siembra caos. Entrevista de Abya Yala TV (Bolivia).

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