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El totalitarismo democrático de los opositores venezolanos

Guaidó y el Golpe no ganado (2)

Juan Guaidó, el autoproclamado en una calle de Caracas como presidente de Venezuela. Foto: AlexCocoPro.
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El totalitarismo democrático de los opositores venezolanos no es un capricho criollo, sino la práctica común de sus operadores en Washington.

El totalitarismo democrático de los opositores venezolanos no es un capricho de los traidores criollos, sino una práctica acostumbrada de quienes los operan desde Washington. La estrategia doble en cualquier aspecto: político, diplomático, moral, comercial.

Una idiosincrasia que hace que resulte difícil confiar en las relaciones internacionales estadounidenses del tipo que sea. Mejor dicho, que se haga imposible atender sus proposiciones de doble filo.

El discurso doble

De los 49 gobiernos catalogados como dictaduras en el mundo, Estados Unidos abraza y suministra ayuda militar a 36 de ellos. Lo que es igual a decir que el gobierno federal apoya más del 73% de las dictaduras del mundo (Truthout, 2017).

[bs-quote quote=»Como si la misma historia para unos no fuera las grandes cifras cuya multiplicación da cero y para otros la serie de naderías que al dividirlas son el todo. Pura minería de relatos y simples matemáticas elementales.» style=»style-2″ align=»left» color=»» author_name=»Juan Alberto Sánchez Marín» author_job=»Periodista, analista y director de TV colombiano.» author_avatar=»https://dxmedio.com/wp-content/uploads/2021/03/juan-albertosanchez-marin-dxmedio-60×60-1.png» author_link=»https://dxmedio.com/juan-alberto-sanchez-marin/»][/bs-quote]

Los datos corresponden a Freedom House. Una“organización de vigilancia independiente dedicada a la expansión de la libertad y la democracia alrededor del mundo”, según la propia Freedom House (2019).

La organización elabora anualmente el Freedom in the World, un reporte sobre las libertades en cada país, con notable ascendencia en el ámbito político y en el informativo occidental.

A pesar del carácter pro estadounidense y de ultraderecha de la institución, hay que tener en cuenta sus estadísticas porque no hay más. Alrededor de un 80% de los fondos de financiación de la entidad corresponden a subvenciones del gobierno de Estados Unidos.

Según Rich Whitney, los informes de Freedom House “parecen ser el mejor indicador (si no el único) de derechos políticos y libertades que abarca a todas las naciones del mundo”.

La institución clasifica la libertad en el mundo en tres categorías: países libres, parcialmente libres y no libres. A que no adivinan, por ejemplo, cuál de todos los países, en el informe de 2020, es el más libre y democrático. Sí, por supuesto: Estados Unidos.

La doble moral

Whitney desarrolla la investigación para responder inquietudes elementales: “¿El gobierno de los Estados Unidos realmente se opone a las dictaduras? ¿Es en verdad el campeón de la democracia alrededor del mundo, como se nos dice repetidamente?”. La conclusión a la que llega es elemental: No. 

Son conocidas las feroces dictaduras que el gobierno estadounidense exculpa y protege. Ahí tenemos a la monarquía de Arabia Saudita o la represiva junta militar de Egipto. Pero el hecho es que las relaciones estadounidenses son muy cordiales con un buen cúmulo de gobiernos del mismo corte brutal.

Las matemáticas, otra vez, como las conocemos, no operan en la realidad. No se trata de un asunto numérico ni de las operaciones básicas de sumar y restar. Hablamos de cuestiones morales, que son más relativas e imprecisas que una ciencia exacta.

La política exterior estadounidense se distingue por su doble moral, así como por lo enrevesada que resulta su escala de valores. El contrario es denigrado; el contendiente, execrable; el adversario merece la erradicación.

La franca competencia es una falacia; otra, el infundio de las libertades. Hace mucho tiempo está claro que unos pocos importan más que muchos, y que, desde luego, 1 > 39.

Eso aclara por qué la terquedad de Estados Unidos contra el Gobierno de Venezuela. Y contra unos presidentes que, de Chávez a Maduro, no han hecho otra cosa que tratar de llevársela bien con ese país.

La doble escala de valores

La verdad es que Venezuela en ningún momento expropió una sola empresa estadounidense. Si acaso nacionalizó algunas, para proceder luego a indemnizarlas con creces. Así ocurrió con las petroleras querellantes de la franja petrolera del Orinoco, y con cuanto galpón gringo que hubo de ser forzado a devolver lo robado a los venezolanos durante los gobierno entreguistas del pasado.

Ni Chávez ni Maduro dejaron de suministrarle petróleo a las poderosas refinerías estadounidenses del Golfo de México y de la costa Oeste. Jamás les cerraron sus locales de tapadera ni les tocaron un pelo a sus funcionarios atrevidos ni a sus espías de medio pelo.

Por eso ahora, a lo mejor, Estados Unidos hace lo que desde el principio se sabía que iba a terminar haciendo. Lo que siempre ha hecho. O sea, dándole una patada a las buenas intenciones de la contraparte y queriendo quedarse con las apuestas habidas sobre la mesa. 

La democracia no es una manera de organizarse socialmente, sino una mampara tras la cual las élites prosperan y controlan a los pueblos que les comen el cuento.

No contaron con que el oponente estaba bien sentado y dispuesto a todo. Se les pasó por alto que el gobierno de Nicolás Maduro tenía el respaldo amplio de su pueblo y de unas fuerzas militares sólidas. Y todos, pueblo, militares y Gobierno, coherentes con el designio de una patria respetable y con la disposición para soportar el juego sucio de los adversarios.

Así que lo que en un comienzo calificamos como una obsesión de los Estados Unidos es apenas la consecuencia dialéctica de una escala de valores puesta del revés. Antes que por los insanos señores de la guerra, por los desnivelados amantes de la intimidatoria paz que pregonan.

El totalitarismo democrático de los opositores venezolanos: una fuente

El totalitarismo democrático de los opositores venezolanos se nutre de una fuente que no escatima recursos ni tiene miramientos con los métodos. La democracia no es una manera de organizarse socialmente, sino una mampara tras la cual las élites prosperan y controlan a los pueblos que les comen el cuento.

Conducirse en contravía de ese sistema de engaño, explotación y dominio lleva a la maldición. Y esta es el ataque despiadado, la persecución extrema, los cercos más infames, el repudio generalizado. La razón: porque estos poderes absolutos, totalitarios, quieren y pueden.

Quieren, puesto que sus intereses de acumulación de bienes y capitales lo requieren. Pueden, porque su ambición irrefrenable la resguarda un poderío militar acrecentado con tal propósito.

No estamos ante irregularidad alguna en la estructura, una dictadura o un absolutismo excepcionales, o el desvío pasajero del rumbo. Trump no fue simplemente un tirano singular. Él es una estación más del viacrucis que recorre el mundo para la salvación de sus élites.

Llamémoslo como lo llamemos, totalitarismo democrático, caciquismo posmoderno, feudalismo tecnológico, fascismo de segunda o tercera generación (neofascismo), en fin. Se trata, en últimas, de lo mismo de toda la vida (y de toda la Historia): que los subyugados estemos contentos y permanezcamos inmóviles.

Y así, mientras en este mundo, sosegados y mansos, comemos mierda, después de muertos heredaremos el reino de los cielos.

BIBLIOGRAFÍA

Freedom House. (2019). About Freedom House. Disponible en: https://freedomhouse.org/about-us  [12 de marzo de 2019].

Whitney, Rich. (2017). US Provides Military Assistance to 73 Percent of World’s Dictatorships. Truthout. 23 de septiembre. Disponible en: https://bit.ly/2P8zdPA  [12 de marzo de 2019].

NÚMEROS CONTRA VENEZUELA

 

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