Por: Juan Alberto Sánchez Marín

Colombia tuvo una Independencia de florero – 3

Colombia tuvo una Independencia de florero, y, más de dos siglos después, nos importa mucho el florero falso y poco la independencia rota.

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Colombia tuvo una Independencia de florero: fingida, engañosa y apenas de exhibición. La artimaña del Grito del 20 de julio aún resuena por el país y ensordece.

Narciso ante la alcantarilla

Hablé antes de los discursos veintejulieros de Iván Duque, que no son los de cada 20 de julio, sino los de cada que puede. Esos que repite invariables, unos tras otros, en sus elementalidades.

Veintejulieros no porque Duque tenga alguna idoneidad oratoria, que no la tiene, sino porque a sus monsergas no les caben las mentiras. Tampoco es que sea populista. No tiene cómo ni con qué llegar hasta esos suelos.

Son falsedades aliñadas con lugares comunes, vacuo ardor patriótico, lemas corrientes y agudezas de cajón. Y muchos aplausos, sobre todo, ofrecidos por él mismo (37:22), enamorado de su reflejo en las aplaudidoras (y poco plausibles) aguas hediondas del Congreso.

Maravillado, quizás, de oírse a él mismo, que llegó a la presidencia con votos comprados por narcos, hablar de legalidades. O sorprendido por tener la audacia de reprochar las concentraciones de poder, él, tan necio y minúsculo, con las dos terceras partes de los congresistas comprados y a sus pies.

Y con los órganos de control en las manos, o en las de sus peleles amigos: Fiscalía, Procuraduría, Contraloría, Defensoría, en fin.

Las últimas imágenes del naufragio… de Duque

Sumó un 20 de julio más, pasó otro 7 de agosto, un nuevo fin de año, y ya no le queda sino la despedida. Se alargan los discursos, pero se le acorta el tiempo para airear lo que no hizo. Ya no hay modo de que le creamos algo mediante sus frases mal aprendidas. Ni a él ni a su recua de allegados tan poco aptos para el trajín gubernamental.

Inútil el mediocre mentor mediático, Hassan Nassar. Prosiga el ministro de Defensa, Diego Molano, comprando minutos y armas para defenderse de sus fantasmas: los niños que bombardea en la selva, los jóvenes que ejecuta en las calles. Desde el Ubérrimo, se arrea al Partido. Y el Centro Democrático, baldío.

Son las últimas imágenes del naufragio de Duque. Un naufragio que empezó desde que perdonó «Los pecados de Uribe«, y los hizo propios. Y no los acrecienta no porque no quiera, sino porque no puede.

¿Que veinte años no son nada? Poco más de veinte bastaron para enterrar hondo los juveniles ímpetus de dignidad de Duque. Ojalá basten menos para que pague ante la Justicia por los crímenes que ahora perpetra contra sus paisanos.

¡Qué suerte! Será un expresidente de menos edad que la mayoría de sus predecesores. Un mueble viejo con madera para rato. O sea, con tiempo suficiente para que a las patas las carcoma, incluso, el moroso comején que es la justicia colombiana.

Deudas desmembradas

Pasó otro 20 de julio. Nada nuevo. Otro discurso de Iván Duque con la fingida preocupación por el futuro del país. Trabajar juntos, pero sin escuchar a la oposición ni revolverse.

Darlo todo por la patria, en tanto que ésta es un reguero de masacres y asesinatos de compatriotas. La patria que es una maquinación histórica. O la historia que le ha causado tal trauma craneoencefálico a la patria.

Una deuda histórica con los jóvenes”, que el Gobierno Duque salda a punta de plomo y desmembramientos. Los ríos, al igual que en los fatídicos tiempos de la presidencia en cuerpo presente de su jefe, Álvaro Uribe Vélez, portan las pruebas.

Los logros grandiosos de Duque frente a una pandemia que sobrepasa los 130 000 muertos y que ha tenido a Colombia como el tercer peor país en el manejo de la COVID-19.

Programas sociales que no existen. Reactivación económica cuando la pobreza se acerca al 50% de la población, y en aumento. “Una deuda histórica con los jóvenes”, que el Gobierno Duque salda a punta de plomo y desmembramientos.

Los ríos, al igual que en los fatídicos tiempos de la presidencia en cuerpo presente de su jefe, Álvaro Uribe Vélez, portan las pruebas.

Entre el Ñeñe y un ñoño

Se irá Duque, pero deja la institucionalidad arrasada. Y el campo minado. Al frente de la Fiscalía General de la Nación plantó, por varios años aún después de su partida, el peor petardo: Francisco Barbosa Delgado.

Barbosa, un gandul apenas superado en mediocridad por su mano derecha, el rastrero coordinador de los fiscales delegados ante la Corte Suprema de Justicia Gabriel Jaimes Durán. Ni más ni menos.

Barbosa, quien reúne en su persona calidades que juntas no tienen perdón: es un apocado que se cree avispado.

En otras palabras, Colombia se debate entre una gracia del Ñeñe (Hernández) y la desgracia de un ñoño (Barbosa).

La gracia del Ñeñe, claro está, fue Iván Duque. Posible gracias al andamiaje de compra de votos con dineros del narcotráfico. Digamos, el esquema de «las duquesas de Duque», en la Guajira.

Aunque la Comisión de Acusaciones (Comisión de Absoluciones) no hubiera hallado (ni buscado) razones de lo uno (compra de votos) ni de lo otro (con recursos ilegales). O aunque haya archivado la investigación contra Duque en un auto inhibitorio de chiste.

Y el bárbaro Barbosa, como antes mencioné, es la gracia de Duque. Ambas burlas configuran dos de las mayores desgracias ocurridas en los últimos años en el país de desgracias sucesivas que es Colombia.

Desmentir con mentiras

“…Rechazar el camino de la mentira y la calumnia” mintiendo y calumniando. Duque clamó por la verdad en un discurso que es una pantomima plagada de embustes.

Le dijo “no a promotores del odio” mediante una perorata rebosante de desprecio y rencor. Demandó que haya concordia entre los colombianos el vigoroso destructor del acuerdo de paz entre el Estado y las FARC.

Habla de reflexión quien se limita a repetir frases de cajón y lemas triviales. Discursea sobre los provechos del debate, y rehuye el simple encuentro. Duque se negó a escuchar a la oposición y a los jóvenes, y a los líderes del paro nacional, y a los indígenas. El insustancial presidente sólo oye al insulso Maluma.

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¡Pobre país que no lee ni libros ni su realidad!. Que elige un Tartufo de presidente y ensalza a un envejecido Uriah Heep en el Ubérrimo. Entre un hipócrita y un pérfido travestido de afable.

El discurso de Iván Duque del 20 de julio del año anterior no fue ni más ni menos veintejuliero que los de todos los días. El único elemento acorde con la situación fue el escudo nacional patas arriba en la bandera de fondo.

1810 o 2021

Colombia padece, año tras año, los discursos veintejulieros de sus presidentes. Todos los que recuerdo se esfuerzan en ser tan caricaturescos como el original.

José Acevedo y Gómez, un acaudalado comerciante, regidor perpetuo del cabildo de Santafé, pronunció en 1810 una acalorada diatriba embustera que se la recuerda como un hecho memorable. De tal cariz, al fin y al cabo, son los hechos memorables y los actos grandiosos de la historia (y de la actualidad) de este país.

Acevedo y Gómez fue el encargado de arengar al pueblo contra la opresora Corona española (aprovechando que en esos momentos era oprimida por Napoleón Bonaparte). Claro, sin dejar de reconocer y saberse súbditos de los reyes en prisión. “Nuestros católicos monarcas y real familia” (2). Una dualidad irresoluta. Hipócritas encrucijadas del alma desde antaño, quizás.

Juntas autonómicas, pero con criollos dispuestos “a derramar hasta la última gota de nuestra sangre por defender nuestra sagrada Religión C. A. R., nuestro amadísimo Monarca don Fernando VII…”

Fernando VII, el adulado, que fue un magnífico monarca en tanto que el emperador francés lo tuvo preso, y un infeliz y alevoso una vez le aflojaron los grilletes. Es claro que ciertos expresidiarios hacen de las suyas afuera. Pero eso lo veremos en detalles más adelante.

Un prófugo grandilocuente

Acevedo recalcó “la ocasión única y feliz” para sublevarse de inmediato. En caso de no atender su exhortación, también le lanzó “al pueblo” una advertencia contundente, mientras señalaba en dirección a las cárceles: “Ved los calabozos, los grillos y las cadenas que os esperan”.

En otras palabras, señores del populacho, aprovechen esta oportunidad única de sublevación. Solo que olvidó agregar: para seguir lo mismo, o en peores condiciones. Eso sí, de paso evitemos juntos que a los criollos de abolengo nos corten la cabeza por esta gracia. Como, en efecto, aconteció.

Pablo Morillo, de Horace Vernet. dXmedio.
Pablo Morillo, de Horace Vernet (entre 1820 y 1822). The Ermitage – dXmedio.

Durante el subsiguiente Régimen del Terror desatado por el español Pablo Morillo, el noble criollo se salvó del fusilamiento. Mas no de enfermar, después de un año de huidas por entre los matorrales selváticos de las montañas de los indios andaquíes, en el sur del país.

Acompañaba a Acevedo y Gómez otro prófugo: un cimarrón que huía de amos como él, aunque menos retóricos y más dados a propinar fuetazos.

En resumidas cuentas, el antiguo esclavo cambió de tortura al convertirse en el único testigo postrero de la desesperante grandilocuencia del prócer desesperado.

Colombia tuvo una Independencia de florero

No faltaba más. Que un comerciante español peninsular le prestara a los criollos un preciado artículo para agasajar a otro criollo.

A Antonio Villavicencio, precisamente, el comisionado regio venido de la madre patria (y ahora de Quito) con el firme propósito de restarle poder al venerado virrey Antonio José Amar y Borbón.

Virrey y, en no pocos casos, socio o asociado, o compinche. Tal vez por eso también reverenciado. Claro está, todo por intermediación de su esposa, la fiestera y muy amante del dinero doña María Francisca Villanova.

Por algo Villavicencio habría de ser el primer fusilado por Morillo, y, previamente, degradado su título de teniente coronel.

Al oportunismo discursivo de Acevedo se suma, pues, el engaño de pedirle a José González Llorente un florero sabido de antemano que no lo prestaría.

Llorente, como se lo recuerda, además de español de pura cepa y amigo de los ministros del virrey, antes que por asuntos de realeza, era reprobado por un detalle real.

O sea, veraz; o sea, razones de la existencia objetiva: se trataba del más próspero comerciante en la comarcal villa. Así que el querido chapetón levantaba algún resquemor en los ánimos santafereños, y una que otra envidia.

Ramilletero o ramillete, he ahí la cuestión

Parece que, para colmo, el florero no era tal, sino un simple ramillete sin florero. Un montaje posterior convirtió el contenido en el contenedor.

El ramillete se volvió entonces el mal engrudado tiesto que ahora se exhibe en la casa bogotana donde ocurrió el incidente. El Museo de la Independencia – Casa del Florero, ni de la Independencia ni por un florero. Falaz, como todos los símbolos de identidad de nuestra patria.

No soy yo el que dice que el florero de Llorente no fue florero. Lo afirmó ni más ni menos que el propio José Acevedo y Gómez, quien escribió en una carta: “a las doce del día 20 fue don Luis Rubio a pedir prestado un ramillete a don José González Llorente, comensal del fiscal Frías…!”

Difícil creer que tan conspicuo orador confundió un ramillete sin florero con un florero sin ramillete. Pero, más allá del pormenor y del probable montaje histórico al respecto, los hechos enteros de aquel día y los de la semana que siguió fueron un completo tinglado.

Menos particular de los ánimos románticos y bastante representativo del embaucador espíritu criollo. Una agudeza maligna que las élites conservan intacta, no como el florero del simulacro.

Trece textos de historia de colombia violenta y vigente

Los discursos veintejulieros de Duque – 1
Las libertades a buen recaudo en Colombia – 2
Colombia tuvo una Independencia de florero – 3
Entramados y tramposos en Colombia – 4
En Colombia nadie se liberó de nada – 5
Vivan las cadenas y viva la opresión – 6
La batallita de Boyacá en Colombia – 7
El enemigo también éramos nosotros…, ¡y aún lo somos! – 8
Un crimen del Hombre de las Leyes – 9
Colombia es un país adulterado por Constitución – 10
Del Cabrero al Ubérrimo: infértiles y cabrones – 11
Los guaches ponen el pecho y las élites la patria – 12
La infamia de los héroes colombianos – 13

Ver también

deXmedio – The Invisible Seen! (Portal en inglés).

Colombia tuvo una Independencia de florero. dXmedio.
Autor
Juan Alberto Sánchez Marín
Periodista y analista colombiano. Dir. cine /TV. Consultor ONU. Catedrático universitario. Telesur, RT, Señal Colombia, HispanTV. Dir: dXmedio.

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